Dos voces internacionales analizan el futuro político de Honduras desde una perspectiva crítica, pero sobre todo constructiva para construir un diálogo.

No se limitan a describir el deterioro de las instituciones democráticas, sino que presentan propuestas concretas para salvar el proceso electoral de noviembre y comenzar a recomponer el frágil tejido democrático del país.

Carlos Murillo, analista político costarricense, y Tiziano Breda, especialista en análisis para América Latina de la organización ACLED, coinciden en un punto central: sin diálogo y veeduría, Honduras se expone a una nueva fractura política.

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Un Estado sin cimientos sólidos

Murillo plantea que el problema hondureño no es reciente. “La construcción del Estado en Honduras tiene muchas falencias y esto no es de este siglo. Se arrastra desde la primera mitad del siglo pasado”, explica.

La fuerte presencia estadounidense, tanto en la primera mitad del siglo XX como durante las guerras centroamericanas de las décadas de 1980 y 1990, junto al rol ambiguo de las Fuerzas Armadas, impide consolidar un Estado con bases firmes y autónomas.

“A diferencia de El Salvador, donde las Fuerzas Armadas representan una noción de patria, o Guatemala, donde están al servicio de la oligarquía, en Honduras no hay una percepción clara de su papel en la sociedad”, sostiene Murillo.

La situación empeoró, según el analista, tras el golpe de Estado de 2009, que fracturó las fuerzas políticas e incrementó la influencia de actores externos como el régimen Ortega-Murillo de Nicaragua.

A ello se sumó, con los años, una creciente penetración del crimen organizado en las estructuras del Estado.

“Estamos ante un escenario muy frágil. Las cosas están pegadas con alfileres, muchos procesos están en alitas de cucaracha. Es urgente un cambio de rumbo”, advierte.

El pacto que podría salvar la democracia

Para Murillo, hablar de defender la democracia ya no basta. “Se necesita recomponerla”, enfatiza. Y eso solo se logra con un diálogo nacional.

“Ese pacto debe incluir a todos los actores: agrupaciones político-electorales, empresa privada, Fuerzas Armadas, sociedad civil y otros grupos de presión importantes. Solo así se puede reconstituir el Estado hondureño y comenzar esa construcción desde sus cimientos”, afirma.

El primer paso hacia ese pacto es el diálogo nacional, una mesa abierta donde todos los sectores se sientan representados. Sin embargo, Murillo lamenta que ese diálogo aún no se vislumbra:

“No veo en este momento que se convoque o se dé ese diálogo. Y sin él, no se puede avanzar en fortalecer la democracia”.

Veeduría para evitar el colapso electoral

Tiziano Breda, por su parte, pone el foco en las elecciones generales de noviembre. Para él, el riesgo de conflictividad es alto si no se garantiza veeduría efectiva dentro del sistema electoral.

“La presión que cada consejero del Consejo Nacional Electoral (CNE) pueda ejercer sobre los demás debe ser positiva, constructiva, para asegurar que todos los partidos cumplan con los procedimientos y evitar así la polarización del debate público”, explica.

La historia reciente, según Breda, demuestra que polarizar el discurso y politizar las Fuerzas Armadas es el caldo de cultivo para gobiernos que violentaron derechos y procesos electorales.

“Libre sabe bien que ese fue un error. Ahora, siendo el partido en el poder, tiene una mayor responsabilidad”.

El llamado a la responsabilidad

Breda insiste: el Gobierno debe actuar con visión de Estado. “Debe restablecer la confianza en el proceso electoral y evitar que las fuerzas de seguridad o el debate público se contaminen de polarización. No se trata de eliminar el disenso, sino de gestionarlo con responsabilidad institucional”, afirma.

Entre la voluntad y la reconstrucción

Pese al sombrío diagnóstico, tanto Murillo como Breda mantienen una cuota de esperanza.

Coinciden en que Honduras tiene una oportunidad única para recuperar su rumbo democrático, pero se necesita de voluntad política, apertura al diálogo y mecanismos de control que devuelvan la credibilidad al sistema.

“No se trata solo de llegar a noviembre con elecciones, sino de llegar con legitimidad, confianza y participación real”, concluye Breda.

La historia de Honduras aún puede cambiar, pero el tiempo para actuar es ahora.

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