En la emisión del programa Frente a Frente de este 10 de julio, se abordó una interrogante que confronta la ética ciudadana: "Si usted presencia a una persona herida de gravedad en la calle, ¿qué haría?".

El debate tomó como punto de partida el caso de Juan Carlos Flores, un conductor de autobús de 24 años que, tras ser atacado a balazos en Comayagüela, quedó de rodillas pidiendo auxilio mientras los transeúntes pasaban a su lado sin intervenir, limitándose en algunos casos a grabar la escena con sus teléfonos.

Para debatir este tema participaron como invitados: Warren Ochoa, psicólogo; Rolando Canales, director de la Dirección de Investigación Policial de Honduras; Kensy Cruz, paramédico de la Cruz Roja Hondureña; Juan Hernández, director de la Junta de Dirección Universitaria de la UNAH; y Kevin Nazar, decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad José Cecilio del Valle.

El efecto espectador y el candado psicológico

El psicólogo Warren Ochoa explicó que este fenómeno no es nuevo y se conoce en psicología social como el "bystander effect" o "efecto espectador". Ochoa recordó el caso de Kitty Genovese en 1964 para ilustrar cómo, ante una emergencia con múltiples testigos, cada individuo tiende a asumir que otro actuará, lo que reduce la probabilidad de intervención.

Según Ochoa, existe un "candado" psicológico que detiene a las personas, el cual solo se rompe cuando alguien toma la iniciativa de actuar. Para el experto, la falta de acción también refleja una "ruptura del tejido social" en comunidades donde ya no existen lazos comunitarios fuertes, lo que deshumaniza el entorno.

La personalidad de la escena y el miedo infundido

Por su parte, Rolando Canales instó a analizar lo que denominó la “personalidad de la escena”. Explicó que, en lugares muy concurridos, la toma de decisión para brindar ayuda suele ser más lenta que en sitios aislados.

El director destacó que existe un "miedo infundido en esta población" debido a la desconfianza generalizada, lo que lleva a la gente a priorizar su seguridad personal.

Además, criticó duramente la tendencia actual de grabar las tragedias: "La gente lo primero que hace usted que observa es hacer un video y tenerlo como un trofeo", en lugar de aprovechar esos 5 minutos fundamentales para salvar una vida.

Recalcó que, incluso sin conocimientos médicos, tomar la mano de la víctima y llamar al 911 constituye un "primer auxilio psicológico" vital.

La solidaridad como un acto de amor fundamental

Desde la perspectiva del director de la Junta de Dirección Universitaria de la UNAH, Juan Antonio Hernández, el problema radica en que el miedo ha desplazado a la solidaridad.

Hernández enfatizó que "la humanidad es una y en sí misma", y que la capacidad de sentirnos vinculados se ha perdido por conceptos ideológicos o económicos que postergan el valor de la vida.

Citando la parábola del buen samaritano, Hernández señaló que la ayuda debe nacer del reconocimiento de que "el otro soy yo también". Para él, si alguien muere y nadie ayuda, muere algo de todos nosotros, pues la relación fundamental entre personas es lo que el cristianismo define simplemente como "amor".

Vulnerabilidad y el condicionamiento del entorno

Finalmente, el decano Kevin Nazar expuso dos teorías macro para explicar la parálisis social. La primera es la "teoría de la vulnerabilidad", la cual plantea que las personas en condiciones de pobreza tienden a sentir mayor temor ante los riesgos, debido a que carecen de recursos para afrontar consecuencias como gastos hospitalarios.

La segunda es la "teoría de la desorganización social", que vincula la reacción al espacio físico. Según este análisis, la ubicación del suceso en una zona "caliente" como la tercera avenida de Comayagüela condiciona la respuesta ciudadana debido a la peligrosidad del entorno.

El contraste entre los invitados dejó claro que, aunque el miedo es una respuesta natural condicionada por la inseguridad y la pobreza, la recuperación de la empatía y la educación emocional son urgentes para reconstruir la solidaridad en el país.

Lea también: Embarazo infantil: ¿Un fracaso compartido entre el Estado y la familia?