El Índice de Riesgo Climático Global publicado por la organización alemana Germanwatch ubicó a Honduras en el tercer lugar de los países más afectados por fenómenos climáticos extremos en los últimos 30 años.
El informe analiza el impacto de eventos meteorológicos severos en términos de pérdidas humanas y económicas, destacando la vulnerabilidad de naciones como Honduras ante desastres naturales al ubicarlo entre los primeros del "top ten".
Entre 1993 y 2022, Honduras enfrentó una serie de desastres naturales que han dejado una profunda huella en su territorio y población.
La ubicación geográfica del país, en el corazón de Centroamérica y entre dos océanos, lo expone a huracanes, tormentas tropicales, inundaciones y sequías recurrentes.
Esta realidad geográfica, combinada con factores socioeconómicos, ha contribuido a que Honduras se sitúe en una posición tan alta en el índice de riesgo climático.
Las zonas de riesgo ante fenómenos naturales se multiplican en la región norte de Honduras.
El Mitch: muerte, destrucción y rezago para Honduras
Uno de los eventos más devastadores en la historia reciente de Honduras fue el huracán Mitch en 1998.
Este ciclón de categoría 5 causó estragos en todo el país, dejando aproximadamente 7,000 muertos y más de 1.5 millones de personas sin hogar, lo que representaba alrededor del 20 % de la población en ese momento.
"La crisis climática cambiará cada vez más los desarrollos sociales y la seguridad de la humanidad en todo el mundo", indicó Laura Schaefer, coautora del Índice de Riesgo Climático.
Las pérdidas económicas se estimaron en 3,800 millones de dólares, equivalentes al 70 % del PIB anual de Honduras.
La magnitud de la destrucción fue tal que el entonces presidente, Carlos Roberto Flores, afirmó que Mitch había retrasado el desarrollo del país en 50 años.
Mitch se originó en el suroeste del mar Caribe el 22 de octubre de 1998.
En pocos días, se intensificó rápidamente hasta alcanzar la categoría 5 en la escala Saffir-Simpson, con vientos máximos sostenidos de 285 km/h.
Más del 70 % de la red de transporte fue destruida, incluyendo carreteras y puentes esenciales.
Esto aisló a numerosas comunidades y dificultó las labores de rescate y reconstrucción.
Se estima que el 70 % de los cultivos fueron destruidos.
Las pérdidas incluyeron el 85 % de la producción de banano, 60 % de melones, 60 % de caña de azúcar y 58 % de maíz. Además, murieron alrededor de 50,000 cabezas de ganado y el 60 % de las aves de corral.
Eta e Iota, dos 'bofetadas' en un momento clave
Además de Mitch, Honduras ha sido golpeado por otros fenómenos significativos.
En 2020, los huracanes Eta e Iota impactaron consecutivamente el territorio hondureño en un lapso de dos semanas.
Estos eventos provocaron inundaciones y deslizamientos de tierra masivos, resultando en la muerte de al menos 94 personas y afectando a casi 4 millones de habitantes.
Las pérdidas económicas superaron los 5,000 millones de dólares, exacerbando una situación ya crítica debido a la pandemia de COVID-19.
La combinación de ambos huracanes resultó en una crisis humanitaria sin precedentes en Honduras.
Más de 4 millones de personas se vieron afectadas, con cientos de miles desplazadas de sus hogares.
La infraestructura del país quedó gravemente dañada, incluyendo carreteras, puentes, sistemas de agua potable y electricidad.
El sector agrícola enfrentó pérdidas devastadoras, con cultivos enteros destruidos, lo que comprometió la seguridad alimentaria y los medios de vida de numerosas comunidades rurales.
Huellas imborrables para Honduras
La frecuencia e intensidad de estos fenómenos han tenido un impacto devastador en la infraestructura y economía de Honduras.
Las carreteras, puentes y sistemas de agua potable han sido destruidos repetidamente, dificultando el acceso a servicios básicos y obstaculizando el desarrollo económico.
La agricultura, una de las principales fuentes de sustento para la población rural, ha sufrido pérdidas significativas, especialmente en cultivos como el banano, café y maíz.
Estas pérdidas agrícolas no solo afectan la seguridad alimentaria, sino que también reducen los ingresos por exportaciones, debilitando aún más la economía nacional.
La zona norte de Honduras es la más afectada durante los últimos 30 años por el azote de fenómenos naturales.
La vulnerabilidad de Honduras se ve agravada por factores socioeconómicos. La pobreza generalizada, la deforestación y la falta de planificación urbana adecuada aumentan el riesgo de desastres y dificultan la recuperación.
Muchas comunidades se asientan en áreas propensas a inundaciones o deslizamientos de tierra, lo que las expone aún más a los efectos de los fenómenos climáticos extremos.
La limitada capacidad institucional para responder a emergencias y la escasez de recursos financieros para implementar medidas de adaptación al cambio climático también son desafíos significativos que enfrenta el país.
El Índice de Riesgo Climático Global de Germanwatch destaca la necesidad urgente de abordar estas vulnerabilidades.
El informe subraya que, aunque Honduras es responsable de una fracción mínima de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, se encuentra entre los países que más sufren las consecuencias del cambio climático.
Esta disparidad pone de manifiesto la injusticia climática que enfrentan muchas naciones en desarrollo, donde los impactos son desproporcionadamente altos en comparación con su contribución al problema.
La tormenta tropical Julia (2022) afectó significativamente a Honduras. Otra tormenta tropical, Sara, lo hizo en 2024.
Según el Foro Económico Mundial, los fenómenos meteorológicos extremos amplificados por el cambio climático se han convertido en el segundo riesgo mundial más importante, por detrás de las guerras y los conflictos armados.
Ranking
Ranking de los países más afectados (1993-2022):
