Los hondureños en Carolina del Sur viven días de expectativa e incertidumbre tras el anuncio del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, quien prometió retomar las políticas de inmigración más duras de su mandato anterior.

Con el regreso de Tom Homan, exdirector del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), como el llamado "zar de la frontera", el futuro se torna incierto para quienes dejaron su país en busca de oportunidades.

Un pasado que causa temor

Durante su primera administración, Trump implementó medidas que impactaron fuertemente a las comunidades migrantes.

Homan, firme en su postura de cero tolerancia, supervisó la separación de miles de familias en la frontera y la detención de migrantes.

Ahora, con el Congreso y el Senado bajo control republicano, muchos temen que Trump tenga la libertad de llevar a cabo sus propuestas sin mayores obstáculos.

Para Guadalupe Escoto, un hondureño originario de Marale, Francisco Morazán, quien se estableció en Bluffton, Carolina del Sur, la preocupación es latente.

“Esta vez, los republicanos ganaron el Senado y el Congreso, así que es probable que Trump pueda cumplir sus amenazas. Con Homan en el equipo, la amenaza es real”, afirma Escoto, quien llegó de forma ilegal y, tras años de esfuerzo, obtuvo la residencia legal en 2020.

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La incertidumbre sobre políticas migratorias genera un ambiente de reflexión y apoyo mutuo entre los migrantes. FOTO: IA.

"El sueño americano" en juego

Pese a las preocupaciones, la comunidad hondureña se esfuerza en demostrar su valor y respeto por las leyes.

Javier Hernández, otro migrante hondureño, ha trabajado por más de una década en Estados Unidos y mantiene la esperanza de que Trump no sea tan duro con quienes ya están establecidos.

“Muchos de nosotros cumplimos con las leyes, trabajamos, no buscamos problemas. Aquí, nuestra prioridad es vivir en paz y aportar a este país que nos ha dado la oportunidad de un futuro mejor”, expresa.

Aun así, la amenaza de deportación está presente. Hernández y otros migrantes hondureños enfatizan que deben ser cuidadosos en cada aspecto de sus vidas, desde evitar la violencia hasta ser responsables al manejar, pues cualquier error podría costarles su estancia en el país.

La ‘Operación Aurora’ y el Acto de Enemigos Extranjeros

El plan de Trump incluye medidas extremas. En su discurso, revivió la llamada "Operación Aurora", que busca combatir pandillas y deportar a migrantes utilizando una ley de 1798, el Alien Enemies Act, que permite la expulsión de extranjeros considerados como una amenaza para el país.

Los hondureños, muchos de los cuales escaparon de la violencia y pobreza, temen que la retórica de Trump los estigmatice y se use como pretexto para la deportación masiva.

Las estadísticas reflejan que los encuentros entre patrullas fronterizas y migrantes alcanzan niveles similares a los de 2020, el último año de la administración de Trump.

Para quienes llegaron con sueños de un futuro mejor, la idea de ser parte de una "campaña de expulsión" es aterradora.

Un consulado que urge

En Carolina del Sur, estado predominantemente republicano, residen más de 50 mil hondureños distribuidos en sus 41 condados.

Escoto, junto con otros migrantes, pide a las autoridades hondureñas la apertura de un consulado en el estado para facilitar los trámites migratorios y legales, pues el más cercano está a cinco horas en Georgia o Carolina del Norte.

“Es hora de que nuestras autoridades consideren nuestra situación y nos brinden apoyo. El viaje es costoso y agotador, necesitamos un consulado aquí”, enfatizan.

El peso de la esperanza

Aunque el panorama es desalentador, muchos hondureños prefieren no perder la esperanza.

“Trump quiere frenar la migración masiva, pero espero que sea justo con quienes ya estamos aquí”, expresa Escoto.

Para él y sus compatriotas, el enfoque es claro: mantenerse dentro de la ley y demostrar que están en Estados Unidos para contribuir positivamente.

La tensión en la comunidad hondureña es evidente, y aunque muchos no desean regresar a Honduras, el temor de ser deportados persiste.

Para quienes dejaron todo por el sueño americano, la incertidumbre es una carga constante, y el deseo de una vida en paz se mezcla con la realidad de un entorno migratorio cada vez más hostil.

Esperanzas

A medida que Trump y su equipo preparan las políticas para su nuevo mandato, los hondureños en Carolina del Sur se aferran a la esperanza y al esfuerzo constante.

Aunque el futuro es incierto, ellos están decididos a demostrar que son más que cifras en un discurso político.

Como afirma Javier Hernández, “somos parte de este país y estamos aquí para trabajar, no para rendirnos”.

Esta historia de resiliencia y valor es la que sostiene a la comunidad hondureña, la que, pese a los retos y amenazas, sigue adelante en busca del anhelado sueño americano.

Un sueño que construyeron con sacrificio y esfuerzo y que esperan mantener contra toda adversidad.

Además: El desafío de los hondureños en Carolina del Sur para construir una nueva vida