La calma del jueves 11 de septiembre de 2025 en Choluteca se rompió con una noticia: agentes de la Dirección Policial Anti Maras y Pandillas contra el Crimen Organizado (Dipampco) irrumpieron en una vivienda y capturaron a “La señora Bea”.
Bea es una mujer de 50 años señalada de integrar la peligrosa banda “Los Colombia”, un grupo que mantiene en zozobra a la zona sur de Honduras.
La señora Bea y Los Colombia
La portavoz de la Dipampco, Yanisa Moradel, confirmó que la mujer no actuó sola: formó parte de una estructura que maneja el narcomenudeo en barrios y colonias de Choluteca.
El golpe a esta organización revela el poder silencioso que tienen estos grupos en los últimos años, con vínculos en redes criminales que disputan territorios.
El operativo dejó a la vista lo que era un centro de distribución de droga. Entre las evidencias se encontraron varias piedras de crack, utensilios para procesar la droga y una considerable suma de dinero en efectivo.
Todo se embaló y fue remitido al Ministerio Público, donde “La señora Bea” enfrentará los cargos.
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El rostro femenino del narcotráfico en Honduras
El caso de “La señora Bea” vuelve a poner en discusión cómo las estructuras criminales también se sostienen con rostros femeninos que ocupan roles de logística, distribución y control de recursos.
La captura envía un mensaje de que la lucha contra el narcotráfico no solo persigue a capos visibles, sino también a quienes desde las sombras alimentan la cadena criminal.
Lejos de ser una simple colaboradora, “La señora Bea” representa cómo las estructuras criminales incorporan a mujeres en papeles estratégicos.
Ellas ejecutan tareas de guardianas del dinero, responsables de bodegas de droga o enlaces con compradores.
Su presencia evidencia que el narcotráfico en Honduras no es un mundo exclusivamente masculino.
Es un engranaje donde las mujeres también asumen funciones de poder y riesgo, muchas veces invisibles hasta que un operativo las expone.
La caída de “La señora Bea” no significa el fin de “Los Colombia”, pero sí desnuda la red de complicidades del narcotráfico en Honduras.
Su captura es apenas un eslabón de una cadena mucho más grande que aún mantiene a Choluteca bajo la presión del crimen organizado.
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