La Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) prepara el proyecto de estimulación artificial de lluvias mediante el despliegue de una aeronave y equipo técnico especializado para auxiliar a los productores agrícolas en zonas vulnerables.
Sin embargo, la efectividad del operativo dependerá de las condiciones meteorológicas y de la presencia de formaciones nubosas con humedad suficiente.
En contraste, el especialista en cambio climático César Quintanilla cuestionó la oportunidad de la medida, señalando que los modelos globales proyectan lluvias naturales superiores a los 100 milímetros para los próximos días.

El analista afirmó que ejecutar la operación en este momento representa un gasto ineficiente de recursos, pues el daño en las cosechas ya está hecho.
De acuerdo con Quintanilla, la ventana de lluvias naturales prevista para el cierre de septiembre y octubre abastecerá de forma suficiente la postrera tardía, por lo que bombardear nubes a estas alturas resulta innecesario.
Esta divergencia de posturas sitúa la iniciativa gubernamental entre la expectativa de alivio hídrico y la controversia técnica.
Inyección de yoduro de plata en la atmósfera
La técnica de estimulación consiste en la dispersión controlada de partículas de yoduro de plata dentro de formaciones de nubes que ya cuentan con carga de humedad.
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Una aeronave equipada vuela a la altitud requerida y libera el compuesto directamente en las corrientes ascendentes de la masa nubosa.
El yoduro de plata posee una estructura cristalina casi idéntica a la del hielo natural, lo que facilita el proceso térmico en la atmósfera.
Esta sustancia actúa inmediatamente como un centro de atracción para las moléculas de agua en estado de vapor o superenfriadas.
Condensación y formación de gotas de agua
Una vez que el insumo químico entra en contacto con la nube, el agua presente comienza a adherirse rápidamente a las partículas microscópicas.
Este proceso acelera la cristalización y la formación de núcleos de hielo de mayor densidad en el interior del cúmulo.
A medida que los cristales ganan masa y peso, la fuerza de gravedad impide que permanezcan suspendidos en el aire.
Las partículas caen a través de las capas más cálidas de la atmósfera, derritiéndose en el trayecto para transformarse en precipitación líquida.

Monitoreo y presencia de humedad atmosférica
El funcionamiento del sistema no crea nubes desde cero, sino que optimiza el potencial de las estructuras ya existentes en el cielo.
Por esta razón, el éxito de las descargas depende de que la masa de aire cuente con los niveles mínimos de saturación hídrica.
Los radares y centros de medición evalúan continuamente las condiciones del espacio aéreo para determinar el instante exacto de la inyección.
Al intervenir la nube en la fase justa de desarrollo, se garantiza un incremento directo en el volumen de lluvia liberado.
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