Los tegucigalpenses debaten sobre cuál es el empleo correcto de la apócope de Tegucigalpa. La conversación es vieja y carece todavía de una reglamentación formal.
La variante "Tegus" se ha consolidado como el acortamiento predilecto entre la población para referirse a la capital. Al caminar por las calles de Tegucigalpa, es habitual observar comercios y locales que emplean esta forma —en lugar de "Téguz"— como un sello distintivo de identidad capitalina.
Sin embargo, detrás de este hábito popular se esconde la riqueza de la toponimia, una rama de la lingüística encargada de estudiar el origen de los nombres de lugares y que sigue siendo un campo escasamente explorado en nuestro país.
Sobre este rezago, el licenciado en lingüística y docente de la UNAH, Josué Álvarez, explicó para Tunota que los esfuerzos son contados, destacando los aportes históricos de Alberto Membreño, Ramón Hernández y tesis universitarias.

Álvarez señaló que el difícil acceso a documentación y la falta de herramientas metodológicas frenan el desarrollo de esta disciplina.
Entre la norma y el capricho popular
Un claro ejemplo de esta tensión entre la costumbre y la regla ocurre al acortar el nombre de la capital. Al tratarse de la apócope de un nombre propio, suelen surgir libertades en el lenguaje, sumado a que en América no alteramos la pronunciación por ser una región seseante.
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En sus declaraciones para Tunota, Josué Álvarez detalló que, según la gramática del español, la c y la z se alternan históricamente según la vocal que siga.
Por ejemplo, al pluralizar lápiz pasa a lápices (la z cambia a c ante la e), o en verbos como parecer, que al conjugarse en primera persona se convierte en parezca (la c pasa a z ante la a). Por esa analogía histórica, la opción académica para la apócope debería ser "Téguz", aunque la costumbre popular prefiera la "s".
La vacilación en los registros
Existe una diferencia sustancial entre escribir "Téguz" y "Tegus". La primera responde al comportamiento analógico y normal de la ortografía española, mientras que la segunda obedece al uso cotidiano que la sociedad ha terminado por consagrar.
El docente de la UNAH también hizo notar un detalle curioso: en registros especializados como el Corpus del Español del Siglo XXI, el término aparece documentado sin tilde ("Teguz"). A diferencia del cambio de letras, esta omisión sí altera la pronunciación, convirtiendo la palabra en un vocablo agudo al leerse.
El reflejo de nuestra identidad
En conclusión, la escasez de estudios toponímicos y el dilema sobre cómo nombrar a la capital reflejan la distancia entre las normas académicas y la fuerza de la calle. Los hablantes continúan moldeando la identidad del territorio en su día a día.
Al final, entre la teoría lingüística expuesta por los expertos y el uso diario de la población, la palabra siempre pertenecerá a quienes la habitan. La decisión de cómo escribirlo depende de cada persona, dejando abierta la reflexión sobre la riqueza de nuestro idioma.
De tu interés: Bryce Echenique, permiso concedido
