Una tradición centenaria lleva a los fieles a abstenerse de consumir carne roja el Viernes Santo optando en su lugar por el pescado. Esta costumbre se enmarca dentro de la Semana Santa, que se inicia con el Domingo de Ramos y culmina en la festividad de la Pascua, día en el que se celebra la resurrección de Jesucristo.

Aunque algunos aprovechan este período para descansar y vacacionar, para muchos otros representa una oportunidad de introspección y acercamiento a sus creencias espirituales.

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La Semana Santa se vive intensamente mediante diversas prácticas y ritos que han perdurado a lo largo de los siglos. Entre estas tradiciones, la abstención del consumo de carne roja durante los días santos destaca particularmente.

Esta costumbre se observa especialmente el Jueves Santo, en recuerdo de la última cena de Jesús con sus apóstoles, y el Viernes Santo, día que conmemora su crucifixión y muerte. En señal de duelo y respeto, los creyentes sustituyen la carne roja por pescado durante estos dos días.

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La Semana Santa tiene sus orígenes en el siglo II, estableciéndose como la conmemoración del triduo pascual: la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Con el pasar de los siglos, se han añadido significados y rituales, como la adoración de la cruz el Viernes Santo y la institución de la procesión del Vía Crucis. El Jueves Santo, recordatorio de la última cena, es un momento de profunda reflexión sobre el sacrificio y la enseñanza de humildad que Jesús impartió a sus discípulos.

La Vigilia Pascual, celebrada en la noche del Sábado Santo, marca el clímax de la Semana Santa, anunciando la resurrección de Cristo. Esta liturgia especial es una de las ceremonias más solemnes y alegres del calendario cristiano, simbolizando el paso de la muerte a la vida y la victoria de la luz sobre la oscuridad.

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