El cambio climático ya no representa únicamente una amenaza ambiental, sus consecuencias alcanzan hospitales, comunidades y hogares, mientras el calor extremo cobra millones de vidas.

Entre 2016 y 2023, el calentamiento provocado por actividades humanas causó aproximadamente 2.96 millones de muertes relacionadas con el calor en el mundo.

La estimación aparece en el informe Lancet Countdown 2026, elaborado por investigadores internacionales en colaboración estratégica con la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los científicos encontraron que el aumento de las temperaturas acelera los riesgos sanitarios, especialmente entre las poblaciones más vulnerables.

Pero el hallazgo más inquietante va más allá de las cifras: el mundo enfrenta una amenaza sanitaria creciente mientras las medidas de protección avanzan lentamente.

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Cambio climático: el calor dejó 710,000 muertes en un solo año

El informe identificó que durante 2023 las altas temperaturas estuvieron relacionadas con aproximadamente 710,000 fallecimientos en todo el planeta.

Los investigadores atribuyeron más del 70 % de esa mortalidad al cambio climático causado por actividades humanas.

Esto significa que el calentamiento global no solamente intensifica las temperaturas, también incrementa el riesgo de fallecimiento entre personas expuestas al calor.

Además, la mortalidad anual promedio asociada al calor aumentó casi un 36 % durante la década posterior al Acuerdo de París.

La comparación revela una tendencia preocupante: los efectos sanitarios del calentamiento avanzan pese a los compromisos internacionales para reducir las emisiones contaminantes.

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Durante la última década, más de 540 000 personas murieron cada año en promedio por afecciones relacionadas con el calor y casi 370 000 por el cambio climático. Foto: Agencia Andina.

Una amenaza que también golpea a los trabajadores

El calor extremo afecta de manera desigual a la población, la edad, las enfermedades preexistentes y las condiciones laborales pueden aumentar los riesgos.

Los agricultores, albañiles, vendedores ambulantes y trabajadores que permanecen bajo el sol enfrentan una exposición prolongada a temperaturas elevadas.

Cuando el organismo pierde su capacidad para regular la temperatura, pueden aparecer deshidratación, agotamiento, alteraciones cardiovasculares y golpes de calor.

Las personas mayores, los bebés y quienes padecen enfermedades crónicas también enfrentan mayores complicaciones durante los períodos de temperaturas extremas.

La situación empeora cuando las viviendas carecen de ventilación adecuada, agua suficiente o recursos para reducir el calor.

El informe también advierte que las altas temperaturas afectan la productividad laboral y provocan pérdidas económicas que perjudican especialmente a las comunidades vulnerables.

Durante 2025, la exposición al calor ocasionó la pérdida de aproximadamente 573,000 millones de horas potenciales de trabajo en el mundo.

Detrás de esas pérdidas aparecen jornadas interrumpidas, ingresos comprometidos y trabajadores que enfrentan mayores riesgos para sostener a sus familias.

Honduras enfrenta hasta 1,900 horas anuales de riesgo térmico

Honduras tampoco escapa a las consecuencias del cambio climático. El informe identifica una exposición considerable al estrés térmico y a las sequías extremas.

Los datos nacionales citados en el estudio señalan que la exposición al riesgo de estrés térmico alcanza aproximadamente 1,900 horas anuales.

Este indicador mide períodos con condiciones ambientales que pueden afectar la salud durante determinadas actividades físicas, especialmente aquellas que requieren esfuerzo al aire libre.

No significa que todas esas horas produzcan enfermedades, pero sí refleja una exposición que exige medidas preventivas.

El informe también identifica períodos de sequía extrema en Honduras, una amenaza que afecta la disponibilidad de agua y la producción agrícola.

En el Corredor Seco, estas condiciones adquieren especial relevancia por la dependencia de numerosas comunidades de las actividades agrícolas.

Los investigadores advierten que Centroamérica enfrenta riesgos relacionados con el calor extremo, las sequías, las inundaciones y los cambios en las precipitaciones.

La presencia de El Niño puede intensificar algunos de estos fenómenos y aumentar las dificultades para las poblaciones más vulnerables.

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El Corredor Seco Centroamericano es una región marcada por la sequía recurrente, la inseguridad alimentaria y la vulnerabilidad climática. Foto: cortesía FAO/Alcides Rodríguez.

El dengue también encuentra condiciones favorables

El cambio climático representa otra amenaza sanitaria: las modificaciones en las temperaturas y las lluvias favorecen las condiciones ambientales para transmitir enfermedades.

Entre ellas figura el dengue, una enfermedad que representa un desafío recurrente para los sistemas de salud de América Latina.

El estudio encontró que las condiciones climáticas favorables para transmitir dengue mediante el mosquito Aedes albopictus aumentaron un 24.39 %.

Para Aedes aegypti, el incremento alcanzó el 7.39 %, al comparar los períodos 1981-1990 y 2016-2025.

Estas variaciones no equivalen directamente a un aumento de contagios, pero muestran cómo el entorno puede facilitar la transmisión.

Los investigadores también identifican riesgos relacionados con otras enfermedades transmitidas por vectores, como la malaria.

Los científicos piden declarar una emergencia sanitaria mundial

Ante el deterioro de los indicadores, los responsables de Lancet Countdown solicitan reconocer formalmente el cambio climático como una emergencia de salud global.

La propuesta busca fortalecer la coordinación internacional, movilizar recursos y colocar la protección de las personas en el centro de las decisiones climáticas.

El llamado no constituye una declaratoria oficial de emergencia sanitaria internacional por parte de la OMS.

El informe, publicado el 28 de octubre de 2026, reúne el trabajo de 146 investigadores de 71 instituciones internacionales.

Los especialistas evaluaron 54 indicadores relacionados con las amenazas climáticas, sus consecuencias sanitarias y las respuestas de los gobiernos.

Entre los avances identificaron mayores inversiones en energías limpias y medidas que reducen la contaminación atmosférica.

También encontraron que 56 de los 194 Estados miembros de la OMS cuentan con planes nacionales de adaptación sanitaria al cambio climático.

En 2015, solamente 14 países disponían de esos instrumentos.

Sin embargo, los investigadores consideran que estos avances todavía resultan insuficientes frente al crecimiento de los riesgos.

El cambio climático dejó de ser solamente una advertencia sobre el futuro. Sus consecuencias ya afectan la salud, el trabajo y la vida de millones de personas.

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