La violencia digital deja publicaciones fuera de las redes sociales, investigaciones sin compartir y opiniones hacen que periodistas y activistas callen por temor a nuevos ataques.

Esa violencia digital provoca que periodistas y activistas de América Latina dejen de publicar determinados temas, según una investigación de ONU Mujeres.

El fenómeno alcanza a casi seis de cada diez personas que reconocieron sufrir agresiones en línea y está modificando la conversación pública.

El estudio revela que el 63.6% de las mujeres y el 52.9% de los hombres afectados optaron por dejar de publicar ciertos contenidos.

Comenzaron a limitar su participación en espacios donde antes ejercían su libertad de expresión.

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Periodistas: cuando la violencia digital alcanza a ocho de cada diez

El informe Violencia digital contra periodistas y activistas en América Latina, publicado en octubre de 2026, recoge las experiencias de 2,179 personas.

La investigación abarcó Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guatemala, México, Uruguay y Venezuela, entre octubre de 2025 y mayo de 2026.

Los resultados muestran que el 82.6% de los encuestados experimentó al menos una de las doce formas de violencia digital investigadas.

Entre las mujeres, la proporción alcanzó el 84.4%, mientras que entre los hombres llegó al 80.3%.

Las cifras muestran que las agresiones afectan a ambos géneros, aunque presentan diferencias importantes en su intensidad, contenido y consecuencias.

En el caso específico de las mujeres periodistas, el 86.5% reportó alguna forma de violencia en línea.

Muestra del estudio

El silencio como consecuencia de los ataques

Uno de los hallazgos más relevantes aparece cuando la investigación examina qué sucede después de las agresiones.

El 63.6% de las mujeres que reconocieron sufrir violencia digital dejó de publicar sobre determinados asuntos.

Entre los hombres, esa proporción alcanzó el 52.9%, una diferencia de 10.7 puntos porcentuales.

La brecha persiste incluso cuando mujeres y hombres enfrentan niveles semejantes de agresión.

Esto significa que el problema no termina con los mensajes ofensivos, las amenazas o el hostigamiento.

Las consecuencias también alcanzan los contenidos que dejan de circular y las discusiones públicas que pierden participantes.

El informe identifica este fenómeno como un efecto inhibidor de la libertad de expresión, relacionado con el temor y la anticipación de nuevas agresiones.

Una comunicadora colombiana que participó en la investigación resumió su experiencia:

"Decidí por salud mental no tocar temas ni de política, religión ni sexo en mis redes sociales".

Su testimonio refleja cómo las experiencias de hostigamiento pueden modificar las decisiones sobre qué publicar y qué evitar.

contenidos

Las mujeres enfrentan ataques más severos

La violencia digital presenta diferencias importantes entre hombres y mujeres, especialmente cuando las agresiones incluyen contenido sexualizado.

El 58.2% de las mujeres encuestadas recibió mensajes sexuales no solicitados, frente al 33.5% de los hombres.

Además, el 16.7% de las mujeres reportó amenazas de violencia sexual, una proporción tres veces superior a la masculina.

La investigación también encontró que el 16.9% de las mujeres experimentó violencia severa, frente al 11.3% de los hombres.

El estudio define esa categoría como la exposición a siete o más de las doce formas de agresión investigadas.

Los resultados muestran que las mujeres no solo enfrentan ataques frecuentes, sino también modalidades específicas relacionadas con su género.

autocensura de periodistas

Ansiedad, estrés y aislamiento: otras consecuencias

El silenciamiento no constituye la única consecuencia de las agresiones digitales, quienes reconocieron sufrir violencia en línea, el 82.2% reportó al menos una afectación personal, profesional o social.

Los síntomas psicológicos, como ansiedad, depresión y estrés, alcanzaron al 50.6% de las personas de ese grupo.

Entre las mujeres, la proporción llegó al 56%, frente al 43.9% de los hombres. El aislamiento social también apareció entre las consecuencias, junto con alteraciones físicas y dificultades relacionadas con la vida profesional.

Estos resultados muestran que los ataques recibidos mediante una pantalla pueden generar efectos que trascienden las plataformas digitales.

Pocos llegan a denunciar ante la justicia

Aunque las agresiones digitales son frecuentes entre los participantes del estudio, acudir a la justicia no figura entre sus respuestas más frecuentes.

El 61.8% de quienes reconocieron sufrir violencia digital reportó los contenidos mediante los mecanismos de las plataformas.

Otro 49.7% optó por bloquear a las personas agresoras y en contraste, apenas el 7.1% presentó una denuncia judicial, mientras que el 5.7% acudió a organizaciones públicas o de la sociedad civil.

La investigación también consultó qué medidas consideran adecuadas para enfrentar estas situaciones.

El 66.2% de las personas encuestadas eligió la eliminación de contenidos agresivos, mientras que el 32.9% señaló las sanciones penales.

Los resultados evidencian una demanda de mecanismos capaces de detener la circulación de las agresiones y proteger a las personas afectadas.

sin denuncia los periodistas y activistas

Cuando una voz calla, también pierde la sociedad

La investigación advierte que el silenciamiento digital no constituye únicamente un problema individual.

Cuando periodistas y activistas dejan de abordar determinados asuntos, también se reduce la información y la diversidad de opiniones disponibles.

El fenómeno plantea desafíos para los Estados, las plataformas tecnológicas y las organizaciones responsables de proteger la libertad de expresión.

ONU Mujeres sostiene que las respuestas deben combinar prevención, protección y reparación, sin perder de vista las desigualdades que alimentan las agresiones.

Porque el daño de la violencia digital no termina en quien recibe los ataques. También alcanza a quienes nunca llegan a conocer lo que esa persona decidió callar.

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