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¡Sentir no es consentir! El control de las emociones, la clave para el éxito

Giselle Dávila

11 Apr. 2022

En el camino entre el sentir y el consentir se gesta el poder de decidir aquello que es más conveniente para nuestra vida

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“Sentir no es consentir”, esta frase tan conocida dentro de la doctrina de la iglesia católica, donde se exhorta a los creyentes, a “Rechazar la tentación con ayuda de Dios”. Tiene desde el punto de vista del control de las emociones y el coaching una connotación extraordinaria.

Entre “Sentir y Consentir” existe un proceso cerebral que permite en un “breve instante” hacernos cargo de las cosas que consentimos.

A manera de ejemplo, ¿Qué sucede cuando estamos a dieta y sentimos el aroma de pan recién horneado? ¿Cómo y por qué podemos mantenernos firmes y no sucumbir? O ¿Por qué no somos capaces de resistirnos?

Para entenderlo mejor, se debe entender el funcionamiento del cerebro humano y el proceso que ocurre desde las sensaciones hasta los comportamientos que consentimos.

De acuerdo a Paul Mac Lean, el sistema nervioso central alberga tres cerebros:

Cerebro Reptiliano: Regulador de las funciones automáticas como la circulación y la respiración.

El Neocortex: Área intelectual donde se lleva a cabo el pensamiento.

Cerebro Límbico o emocional: Almacena las emociones y evalúa los acontecimientos de nuestra vida como buenos o malos, en virtud de experiencias pasadas.

Justamente, ese proceso depuratorio es lo que se conoce como proceso de percepción de la realidad, según la Teoría Racional Emotiva de Albert Ellis.

En él, cada persona interpreta la realidad de acuerdo a las experiencias vividas, lo cual influirá en su conducta.

Dicho proceso inicia con la realidad. Esta, genera sensaciones, emociones, pensamientos, sentimientos y finalmente comportamientos.

En base al ejemplo citado, el aroma del pan recién horneado (realidad) genera una sensación de placer. Esta a su vez crea emociones agradables o no de acuerdo a las experiencias almacenadas.

Posteriormente, la emoción genera pensamientos. Partiendo de nuestro ejemplo, el cerebro podría pensar en comerse el pan recién horneado y satisfacer el deseo placentero de comer, o evitar comérselo y cumplir la dieta.

Seguidamente, esto suscita sentimientos, que pueden ser positivos o negativos.

Finalmente los sentimientos crean comportamientos asertivos o no, en la medida en que nos benefician o perjudican.

Como podemos ver, en el camino entre el sentir y el consentir se gesta el poder de decidir aquello que es más conveniente para nuestra vida.

Es aquí donde nos hacemos cargo.

Nos seguimos.


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