Zona de confort” esta terminología que nació a raíz de los estudios realizados por los científicos Yerkes y Dobson, tiene muchas formas de explicarse. Yo prefiero hacerlo con la fábula del ratón que cayó en el bote de almendras.

Esta analogía explica no solo lo aparentemente placentero que es vivir en la zona de confort, sino también, las consecuencias nocivas que genera permanecer en ella y no atreverse a salir.

Resulta, que un buen día, un ratón cayó por casualidad dentro de un bote de almendras. En ese instante, el ratón se sintió muy afortunado porque tenía suficiente comida y ya no tendría necesidad de hacer ningún esfuerzo para alimentarse.

Entonces, el ratón se acomodó en el bote y decidió mantenerse tranquilamente comiendo dentro de él. Al poco tiempo, las almendras se acabaron y el ratón quedó atrapado dentro del bote sin poder salir. Ahora, él dependería de la comida que algún benefactor pudiera proporcionarle.

Indudablemente, esta historia, describe la zona de confort como un lugar aparentemente placentero y cómodo donde no hay esfuerzos, ni riesgos. Igualmente no existen retos, ni se generan nuevas experiencias. Evidentemente, en este estado no se logran grandes recompensas, ni se alteran la ansiedad y el estrés porque justamente no sucede nada nuevo.

Pero entonces, ¿por qué puede ser nocivo vivir en la zona de confort? Los científicos Yerkes y Dobson en 1908 realizaron experimentos con ratones. A unos les generaba un estrés moderado “ansiedad positiva”, otros por el contrario experimentaron grandes cargas de estrés “ansiedad negativa”, y los últimos no recibieron ningún estímulo.

Los resultados concluyeron que aquellos que recibieron cierto grado de estrés generaban un tipo de ansiedad que los hacía ser más productivos, estar más atentos y explorar todas las posibilidades que se les presentaban por delante. Sin embargo, aquellos que experimentaron mucha carga de estrés o ninguna, eran poco productivos, inseguros y temerosos.

Por tanto, y de acuerdo a lo anterior, conviene generar en nuestras vidas cierto grado de ansiedad positiva, que solo se experimenta al salir de la zona de confort. De esta manera, podremos ser más productivos, independientes y autónomos.

Y evitaremos quedar atrapados en un bote de almendras, dependiendo de algún misericordioso benefactor. La clave está en retarse, reconocer los recursos con los se cuenta: estudios, habilidades, etc. Y reconocer los saboteadores internos o externos que limitan nuestros sueños.