12 Mar. 2026
La presión estadounidense sobre Irán complica la arquitectura energética y geoeconómica china. Y en este contexto, Rusia emerge como un socio energético aún más relevante para Pekín

El 13 de junio de 2025, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, inició un ataque contra Irán que debía durar un par de semanas. Doce días después, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció las implicaciones para el programa nuclear.
El objetivo inmediato era destruir infraestructuras para evitar que Irán fabricara armamento nuclear. Pero después de los ataques, no se sabía cuánto había sido afectado el programa iraní.
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) estimó que cuando Israel lanzó el ataque aéreo, Irán tenía una reserva de 440 kg de uranio enriquecido de hasta 60% de pureza y muy cerca del 90% requerido para el uso armamentístico.
Estados Unidos se unió brevemente a la guerra. Atacó tres sitios nucleares usados para el enriquecimiento de uranio. Entre los sitios atacados se contó a Natanz y Fordó —las dos mayores plantas nucleares iraníes con instalaciones subterráneas—, además del centro de tecnología de Isfahán.
Después de los ataques, el presidente Trump declaró que las instalaciones habían sido «arrasadas» . Pero una semana después, el director del OIEA, Rafael Grossi, expresó que los ataques habían causado daños graves, aunque «no totales».
Irán insiste en que sus actividades nucleares tienen únicamente fines civiles. en 1970, la nación árabe firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), un acuerdo que permite la tecnología nuclear para fines médicos y energéticos, pero nunca para armas nucleares.
Más tarde, en 1979, la revolución del ayatolá Ruhollah Jomeini derrocó al sha de Irán, Mohammad Reza Pahleví, e impuso una república islámica que tiene como principal rasgo su antagonismo con Israel y Estados Unidos.
En 2015, Irán firmó un acuerdo con seis potencias (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Francia, Alemania) y aceptó límites a sus actividades nucleares a cambio del levantamiento de sanciones. El acuerdo restringió el enriquecimiento de uranio al 3.67% para la producción de energía nuclear.
Pero en 2018, el presidente Trump argumentó que el acuerdo no bloqueaba el camino de Irán hacia la bomba, por lo que Estados Unidos se retiró del acuerdo y restableció sanciones.
El 12 de junio de 2025, por primera vez en dos décadas, la junta de gobernadores del OIEA declaró formalmente a Irán en incumplimiento de sus obligaciones de no proliferación. Al día siguiente, Israel comenzó el ataque aéreo.
El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva a gran escala contra Irán, eliminando al ayatolá Alí Jamenei y a otros altos funcionarios iraníes. Apenas unas semanas antes, delegaciones se habían reunido en Omán y en Ginebra.
Por otro lado, el ataque contra Irán afecta indirectamente a China, que importa aproximadamente el 13% del total de su consumo de petróleo de ese país. Sin contar que, además, Irán ocupa una posición central en la estrategia china de diversificación de rutas energéticas.
El último viaje al extranjero del líder supremo de Irán, Alí Jamenei, fue en 1989, cuando visitó Pekín. Para profundizar la colaboración entre China e Irán, Xi Jinping visitó Teherán en 2016 y, en 2021, ambas naciones firmaron una asociación estratégica de 25 años.
China no ve sus alianzas de la misma manera que Occidente. No firma tratados de defensa mutua y no acude en ayuda de sus aliados. Pekín se mantiene al margen de cualquier conflicto.
La presión estadounidense sobre Irán, en cambio, complica la arquitectura energética y geoeconómica china. Y en este contexto, Rusia emerge como un socio energético aún más relevante para China.
Para Rusia, consolidar el mercado chino significa reforzar su giro estratégico hacia Asia y reducir la importancia del mercado europeo, perdido en gran medida tras la guerra en Ucrania.
Desde el inicio de esa guerra, la relación entre Rusia e Irán intensificó la cooperación militar a través del suministro de drones iraníes y la afinidad diplomática contra Occidente.
En enero de 2025, Rusia e Irán firmaron el Tratado de Asociación Estratégica Integral, pero no significa que Rusia defenderá a Irán en un conflicto directo de alta intensidad, puesto que Rusia tiene otros intereses en Oriente Medio.
Dentro de todo ese panorama, el presidente de Honduras, Nasry Asfura, manifestó que «Cuando existen amenazas latentes, el peligro es inminente y la autodefensa de los países es inevitable». Y agregó que Honduras «apoya a los países que defienden su seguridad».
Pero esto tampoco significa que Honduras intervendrá, pero sí que apoya a Estados Unidos y a Israel.
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