23 Jan. 2022
Tenemos la libertad de decidir cómo responder ante un país que clama para que sus mejores hijos cambiemos el presente y el futuro de esta hermosa y noble tierra

Esta semana, los hondureños hemos sido testigos de terribles hechos y conductas por parte de políticos electos y delegados por los ciudadanos para legislar por el bien del país. No obstante, en la primera oportunidad de responder a esa delegación con respeto y civismo, lo han hecho de la peor forma.
En este contexto quiero invitarte a reflexionar sobre esta verdad en la que creo férreamente: “Los adultos somos libres para elegir nuestras respuestas y, a la vez, somos responsables de la mismas”. Este es uno de los postulados de la propuesta teórica de Viktor Frankl, uno de los más influyentes pensadores de la psicología moderna, fundador de la logoterapia y el análisis existencial.
Frankl fue un médico, neurólogo, psiquiatra y filósofo de ascendencia judía nacido en Viena, quien entre 1942 a 1945 fue prisionero en cuatro campos de concentración nazis.
Durante su tiempo como prisionero, víctima de todo tipo de abusos y privaciones, Frankl se aferró a un propósito para seguir viviendo, por lo que se dedicó a observar cómo los otros prisioneros asumían su situación y cómo respondían ante esta.
De esta experiencia surgió “la última de las libertades”, uno de sus postulados más importantes sobre lo que él consideraba como una “libertad que no podían quitarle”: la de decidir cómo responder a las circunstancias que experimentamos.

El postulado propone que los adultos pueden ser limitados de muchas formas, como le sucedía a él en su condición de prisionero. Pueden quitarles la libertad de moverse cuando y cómo quieran, la libertad de dormir o descansar cuando lo necesiten, la libertad de alimentarse o beber; limitarlos, en general, de muchas cosas y formas, pero siguen siendo libres de decidir qué actitud asumir y cómo responder ante todas estas situaciones.
Frankl decidió responder a todo esto con una actitud de aprendizaje, decidió que observaría y aprendería sobre la conducta humana y que sobreviviría para enseñar lo aprendido en las universidades. Y así lo hizo.
Como ya dije, creo férreamente en esta libertad de decidir mis respuestas, y lo encuentro en La Biblia como uno de los más hermosos dones de Dios dados al ser humano: ¡La libertad de decidir entre lo bueno y lo malo!
De modo que, ante lo que ocurre en el contexto político, te quiero retar con esta verdad: tengamos la libertad de elegir nuestra actitud y nuestra respuesta, así como de asumir las consecuencias de nuestras elecciones sin excusarnos en la situación o en lo que otros hacen o dicen.

Hondureño, joven, viejo, político, empresario, estudiante, empleado, cualquiera que sea tu rol y situación, te recuerdo y te reto:
Ninguna excusa será valida: tenemos la libertad de decidir cómo responder ante un país que clama para que sus mejores hijos cambiemos el presente y el futuro de esta hermosa y noble tierra.
Puedes asumir la responsabilidad de ser un buen hondureño.
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