El proceso electoral en Honduras volvió a entrar en una fase de incertidumbre que pone a prueba la democracia, tras la aprobación de un decreto legislativo que instruye un nuevo recuento de votos, aun cuando el Consejo Nacional Electoral (CNE) ya emitió una declaratoria oficial.
La medida, sancionada por el Poder Ejecutivo, provocó un nuevo choque entre instituciones y reactivó el debate sobre las competencias constitucionales en materia electoral.
Para diversos sectores, la decisión no responde a una necesidad de transparencia, sino a una estrategia política para alterar el curso del proceso.
Carlos Hernández, director de la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ), afirmó que la comunidad internacional comprendió que el actual Gobierno estaría tomando acciones contrarias a la democracia y a la alternancia de poder, en medio de un conflicto institucional por el decreto legislativo que ordena un recuento general de votos.
Dirigentes liberales y nacionalistas sostienen que el decreto busca desconocer el resultado electoral y frenar la alternancia en el poder, un principio que consideran esencial para la democracia hondureña.
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Democracia: el decreto y el límite de las atribuciones del Congreso
El eje del conflicto gira en torno a las competencias del Congreso Nacional. Hernández sostiene que el decreto representa una señal clara de desconocimiento al rol constitucional del CNE.
Desde su perspectiva, ordenar un nuevo recuento después de una declaratoria oficial debilita la institucionalidad y rompe las reglas básicas de la democracia representativa.
La preocupación, señala, no es solo jurídica, sino política: cuando se cuestiona al árbitro electoral después del voto, se erosiona la confianza ciudadana en que los cambios de poder se resuelvan por la vía democrática.
La alternancia como punto de quiebre político
Más allá del debate jurídico, la oposición insiste en que el fondo del problema es político.
Legisladores entrevistados señalan que el decreto se emite cuando el resultado electoral no favorece al oficialismo, lo que —afirman— evidencia un intento de prolongar el control del poder.
Para estas voces, desconocer la declaratoria del CNE equivale a desconocer el voto ciudadano.
Una situación que debilita la confianza en que los cambios de gobierno se resuelvan por la vía democrática.
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El director de ASJ advirtió que Honduras atraviesa un momento crítico porque las decisiones recientes apuntan a frenar el traspaso de poder.
Ante la crisis institucional, Hernández subrayó que la Corte Suprema de Justicia debe pronunciarse para hacer valer la Constitución.
Recordó que existe una declaratoria oficial del CNE y que corresponde al máximo tribunal constitucional garantizar que se respete el orden jurídico.
Para ASJ, el silencio o la inacción de la Corte profundizaría la incertidumbre y debilitaría aún más la confianza en las instituciones.
Las señales están sobre la mesa: cuando el poder se resiste a aceptar límites y resultados, la democracia se debilita.
Honduras enfrenta una prueba decisiva, no solo para cerrar un proceso electoral, sino para demostrar si sus instituciones son capaces de sostener la alternancia y el respeto a la voluntad popular.
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