En el programa 30|30 de este domingo, expertos en política y derecho electoral analizaron el avance del consenso sobre las propuestas de reformas electorales en Honduras, resaltando la necesidad de reglas claras, consistentes y la autonomía de las autoridades para garantizar un proceso transparente y equitativo.
El politólogo costarricense Eduardo Núñez fue uno de los invitados al programa y destacó que las reformas electorales son un tema que toca la médula de la política, ya que impacta directamente la relación entre partidos, autoridades y ciudadanos.
"Lo ideal es contar con reglas electorales claras, ciertas, precisas y razonablemente consistentes, de manera que se garanticen condiciones de equidad y competencia", afirmó Núñez, subrayando que uno de los elementos menos discutidos es que quienes regulan las reformas son, a su vez, los principales sujetos regulados: los partidos políticos junto con las autoridades electorales.
El dilema de las reformas electorales
El experto explicó que los partidos en la oposición suelen impulsar reformas, mientras que los partidos en el poder tienden a resistirse a cambios que puedan afectar su posición.
"Cuando los partidos están en la oposición, demandan reformas electorales, pero al llegar al gobierno suelen olvidar esas demandas. Esto es un fenómeno común en América Latina y refleja cómo las reformas afectan las relaciones de poder", señaló Núñez.
Para el politólogo, las reformas electorales no solo modifican reglas técnicas, sino que también afectan la interacción entre ciudadano y representante electo, sea diputado, alcalde o presidente. "Tocan la médula del poder político y, por eso, cualquier reforma enfrenta resistencias naturales de quienes ya gobiernan", agregó.
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Tres modelos de autoridades electorales
Durante su intervención, Núñez presentó los tres modelos principales de autoridades electorales en América Latina:
"Cada modelo tiene ventajas y desafíos, pero la tendencia global apunta a organismos autónomos y no partidistas para garantizar independencia y credibilidad electoral", explicó Núñez.
La autonomía electoral como garantía de confianza
El politólogo costarricense destacó que la autonomía de las autoridades electorales es una preocupación particularmente latinoamericana.
Mientras en Europa la organización de elecciones recae en ministerios del interior, en América Latina la independencia de los órganos electorales es esencial para asegurar la alternancia y la legitimidad del poder.
"La piedra angular del proceso de democratización en América Latina desde 1978 ha sido la creación de autoridades electorales independientes. Esto asegura que el árbitro pueda resolver disputas, organizar elecciones creíbles y garantizar equidad", dijo Núñez.
Según el experto, la experiencia regional muestra resultados mixtos: tribunales integrados por partidos pueden funcionar razonablemente bien, pero la independencia y autonomía completa de los organismos electorales es la opción más efectiva y confiable.

Honduras y la médula del régimen electoral
Núñez recordó que, a pesar de las reformas implementadas desde 2001 y los ajustes posteriores a la crisis electoral de 2017, Honduras no ha modificado la médula del régimen electoral.
"Se han hecho reformas, pero no se ha tocado la esencia del sistema. La demanda de ciudatanizar los órganos electorales nacionales, departamentales, municipales y juntas receptoras de votos tiene sentido y puede fortalecer la confianza ciudadana", señaló.
El politólogo indicó que los modelos de órganos electorales, ya sean en manos de partidos, técnicos o mixtos, deben decidirse según la historia y contexto político de cada país. Su experiencia personal en Costa Rica, donde existe un Tribunal Supremo de Elecciones autónomo y no partidista, le permite afirmar que esta modalidad es eficiente y garantiza elecciones íntegras.
"Aunque tribunales integrados por representantes de partidos pueden funcionar bien, la mejor práctica es que los organismos electorales sean autónomos, independientes y no partidistas, siguiendo la tendencia mundial", concluyó.
Reglas claras: base de la equidad y competencia
Durante el análisis, Núñez insistió en la necesidad de que las reglas electorales sean claras y consistentes. Esto permite que todos los actores políticos, autoridades y ciudadanos participen en condiciones de igualdad.
"El objetivo es que las reglas no se adapten a intereses particulares y que se garantice que cada ciudadano y cada partido pueda competir de manera justa. La transparencia y la consistencia de las normas son esenciales para la democracia", afirmó.
El politólogo también mencionó la importancia de que los órganos electorales tengan capacidad técnica, independencia administrativa y autonomía frente a los partidos, lo que asegura que puedan impartir justicia electoral, resolver conflictos y administrar procesos con credibilidad.
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Lecciones de América Latina
Núñez destacó ejemplos de la región donde la autonomía electoral ha sido clave para fortalecer la democracia.
Países como Costa Rica, México y Panamá han logrado equilibrar la participación de partidos y ciudadanos en organismos electorales, aumentando la confianza de la población en los resultados.
"La historia nos demuestra que cuando los órganos electorales dependen demasiado de los partidos políticos, la percepción de imparcialidad disminuye y la confianza ciudadana se erosiona. Por eso, un organismo autónomo no partidista es la mejor garantía de elecciones justas", concluyó.
