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La Odisea: tiempo, memoria y la 'ley de Zeus'

Darwin Mendoza

30 Jul. 2026

Más que una adaptación, La Odisea de Nolan es una experiencia cinematográfica que transforma el mito en una poderosa reflexión sobre el ser humano.

Imagen de La Odisea: tiempo, memoria y la 'ley de Zeus'

Cuando te encuentres de camino a Ítaca, desea que sea largo el camino, lleno de aventuras, lleno de conocimientos.

Fragmento del poema “Ítaca“ de Constantino Cavafis

Para comenzar debo decir que considero esta película un evento cinematográfico épico y una de las mejores películas de aventuras y fantasía de los últimos años.

Podría extenderme en expresar por qué no me gustó el diseño de producción del Cíclope, o por qué sigo prefiriendo el diseño del caballo desarrollado en la película "Troya" de Wolfgang Petersen por encima de esta versión, o cómo siento que tendría que haber sido estructurada la secuencia del encuentro entre Argos y Odiseo, y muchas más pegas, como otro ejemplo, realmente no veo apropiado el uso del lenguaje coloquial estadounidense en la mayoría de los personajes principales (vía la película en versión original, no sé cómo trataron el lenguaje en su versión doblada al español). 

Admito que esta película para mi fue una montaña rusa de emociones con sus subidas y muchas bajadas, (cosas que me gustaron mucho y muchas otras cosas que no me gustaron nada) sin embargo, el sentimiento final -aunque parezca contradictorio- se resume en que me cautivó y la recomiendo; es por ello, me centraré solo en resumir algunas de las virtudes que encuentro en esta superproducción. 

La proyección de La Odisea de Nolan trasciende la categoría de mero lanzamiento comercial y debemos tomarla como una apuesta muy personal de este particular director, lo cual adquiere una importancia incuestionable en el séptimo arte de nuestro tiempo. 

En este tiempo donde el cine está dejando atrás una cansina saturación de películas de superhéroes con fórmulas y recetas que derivan en sensaciones vacías, Nolan va al origen, al canon literario occidental de donde han surgido todas las historias y arcos narrativos del ser humano que cuestiona su actuar, abraza su castigo y al cumplirlo emprende el regreso a su hogar, al punto más esencial de sí mismo, cambiado y posiblemente mejorado.

Esta obra no se limita a ilustrar el mito, lo interpreta desde una perspectiva muy personal como lo ha hecho siempre este director con los personajes principales de sus películas: J. Robert Oppenheimer en Oppenheimer (2023), El personaje sin nombre de Tenet (2020), Joseph Cooper en Interstellar (2014), Bruce Wayne en la Trilogía de Batman (2005-2012), Dom Cobb en Inception (2010), Alfred Borden y Robert Angier en El truco final (2006) y Leonard Shelby en Memento (2000); ahora retoma el personaje de Odiseo o “Ulises“ para dar a las nuevas generaciones la oportunidad de cuestionar su propia posición frente al mundo desde un personaje tal vez muy alejado de ellos.

Agradezco a este ambicioso director renovar el "peplum" cinematográfico con este proyecto que al parecer es su más costosa producción hasta la fecha, siento pues, bien invertido ese presupuesto y estoy seguro que será una apuesta que funcionará muy bien en las salas de cine, donde definitivamente recomiendo ver esta gran película. 

Tal vez no en las pantallas Imax de 70 mm donde su director sugiere verla en su formato original, -creo que es la primera película grabada enteramente en este formato- verla en esas condiciones sólo está al alcance de unos pocos y pocas tocadas por los dioses, pero el resto de nosotros los mortales podemos buscar verla en las pantallas más grandes que tengamos cerca y con la oscuridad y la soledad ceremoniosa que merece.

La Odisea es un sumun en la carrera de Nolan, no porque sea su mejor obra, yo en lo personal no la considero ni dentro del ranking de sus 3 películas mejores, sino porque esta obra magna de la literatura le ofrece a él un compendio cinematográfico de sus recurrentes obsesiones, resumidas en la maleabilidad del tiempo, la memoria y la búsqueda de la identidad, éstas encuentran su expresión más depurada en esta epopeya.

Nolan refleja en su Odiseo (Matt Damon) la fragmentación del ser humano, sus recuerdos de Troya no son flashback sino un dolor permanente que va construyendo al héroe. El director recupera el concepto de la hospitalidad sagrada hacia el extraño, no importa si este es un local o un inmigrante, para lanzar una crítica mordaz al derrumbe de la civilización actual. La negativa a acoger a un expatriado o a alguien simplemente diferente se presenta como la "traición a la ley de Zeus", expresión de la decadencia moral de nuestra sociedad. 

Damon encarna a un héroe vulnerable y fatigado, su Odiseo no es un guerrero invencible, sino un hombre cuya mayor fortaleza es su capacidad para sobrevivir a sus propios errores. 

Conectándola con la anterior película y obra maestra de Nolan, Odiseo es aquí el reflejo mítico del creador de la bomba atómica. Ambos son héroes condenados por la magnitud de sus actos; hombres cuyas decisiones, por necesarias o heroicas que parezcan, marcan el fin irreversible de una era y probablemente de la humanidad. 

La elección de Lupita Nyong'o para interpretar los roles duales de Elena y Clitemnestra es una decisión que no alcanzo a comprender, no por el color de la piel pues en la serie de 1997 ya me había cautivado el rol de Vanessa Williams como Calipso, en este caso creo que es el mero personaje de Helena el que no me gusta como está propuesto y esto no ayuda a Nyong'o a poder ofrecer una memorable actuación. 

Es tal vez ella y Zendaya las dos elecciones de casting que más me sacan de la narrativa, sin embargo no afectan a la trama y por ello al resultado de la película. Por lo demás el resto del elenco está fenomenal y rescato por mucho el trabajo actoral de John Leguizamo como el fiel porquero Eumeo, que no recuerdo en la novela original si de esa manera va perdiendo la visión y quedando ciego, de no ser así, otro acierto del guión de Nolan al dar más matices a este gran personaje y de paso, hacer un lindo homenaje al mismo Homero. 

Destacar que en el caso de Anne Hathaway me encanta la naturalidad visual de su personaje, Nolan captura el realismo de la piel y arrugas de una Penélope muy humana, al desnudar a los personajes de su presencia mítica y mostrarlos débiles y muy humanos; Nolan logra que el mito se sienta magistralmente contemporáneo. 

En términos de montaje, el primer tercio de la película puede resultar caótico y desordenado. Esta fragmentación no es un error, sino una lectura honesta a la naturaleza del poema original, donde los relatos están incluso contradichos unos con otros. 

A medida que el metraje avanza, la película se va convirtiendo en un ejercicio de maestría narrativa. Es aquí donde Nolan demuestra su experiencia, los aparentes defectos y la dispersión inicial se reordenan para convertirse en rutas fáciles de seguir, culminando en un clímax final que posee potencia como si de una gran sinfonía se tratase. 

La incorporación de momentos no canónicos y la incorporación de personajes como Sinón (perteneciente a la Eneida y no a la Odisea) responden a una lógica puramente cinematográfica. 

Nolan no busca la ilustración histórica, sino capturar la esencia y la importancia del "viaje" porque lo importante no es llegar a Ítaca como nos lo recuerda Cavafis, sino aprender y disfrutar del camino. 

A pesar de las muchas licencias que aquí se toman, la esencia del viaje permanece intacta como la metáfora definitiva de la experiencia humana lograda sólo con los años. Ítaca es solo la excusa; lo que realmente nos construye como seres humanos es la odisea o la travesía, con nuestros errores, nuestros monstruos y nuestro aprendizaje, la aventura existencial de congraciarnos al final con nosotros mismos. 

Por ello, les invito a experimentar esta pieza en la pantalla más grande posible, en su formato original de celuloide si es posible, antes que caiga en la distancia de la pequeña pantalla digital, más como un acto de fe en el arte, como un compromiso sagrado con un espacio muy especial que son las salas de cine donde todavía habitan los mitos más profundos y se fragua la imaginación.  


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