Honduras cayó al puesto 115 entre 120 países en el Índice de Transición Energética 2026 del Foro Económico Mundial, una de las posiciones más bajas de América Latina y el Caribe, tras retroceder tres lugares frente a mediciones anteriores (112).
El resultado refleja los rezagos del país en varios aspectos evaluados, entre ellos el marco regulatorio, la gestión del sistema eléctrico, la atracción de inversiones, el acceso a capital y la capacidad para avanzar hacia una matriz energética más limpia, segura y competitiva.
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El informe del Foro Económico Mundial, elaborado junto con Accenture, evalúa a 120 países mediante 44 indicadores relacionados con seguridad, sostenibilidad, equidad, políticas públicas, finanzas, infraestructura e innovación. La puntuación combina el rendimiento actual del sistema energético en un 60% y la preparación para la transición en un 40%.

Karla Martínez, vicepresidenta de la Asociación Hondureña de Productores de Energía, explicó en Noticieros Hoy Mismo de TSi que uno de los principales problemas del país se relaciona con la falta de estabilidad normativa.
"Uno de los principales es que el entorno normativo sea estable. Honduras viene impulsando una reforma desde 2014 que se modificó, que no se implementó, que se modificó en 2022 y que es necesario dar esa estabilidad", señaló Martínez.
Reforma eléctrica en Honduras
La Ley General de la Industria Eléctrica, aprobada bajo el Decreto 404-2013, buscó regular la generación, transmisión, distribución, comercialización e importación de energía; sin embargo, el marco ha sufrido varias reformas, entre ellas el Decreto 46-2022, que declaró la energía eléctrica como un bien público de seguridad nacional y un derecho humano de naturaleza económica y social.
Ahora, el nuevo debate gira en torno a una reorganización de la ENEE, con propuestas para separar sus áreas de generación, transmisión y distribución, además de crear un Operador del Sistema y Mercado independiente.
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Para expertos, el desafío no solo está en cambiar la estructura legal, sino en reducir pérdidas, mejorar la gestión, dar estabilidad normativa y generar confianza para atraer inversión al sector.
América Latina también pierde impulso
La caída de Honduras ocurre mientras otros países aceleran inversiones, fortalecen regulaciones y construyen infraestructura para avanzar hacia energías más limpias. Según el Índice, solo cinco países quedaron peor evaluados que Honduras: República Democrática del Congo, Botswana, Jamaica, Yemen y Mongolia.
El informe indica que en América Latina, Brasil lidera la región (posición 17), respaldado por su matriz energética; le siguen Chile (20), Uruguay (38), Colombia (43), Costa Rica (51) y Perú (52) mientras Argentina aparece en el puesto 56.
Martínez advirtió que este retroceso de Honduras también muestra una pérdida de competitividad regional. "Es una muestra de pérdida de competitividad, pero también lo que nos debe llamar la atención es que los países vecinos nos están mostrando que Honduras está quedando rezagada y por eso es importante tomar las acciones para que podamos reparar ese daño", expresó.
Otros expertos advierten que la transición energética no solo implica cambiar la matriz de generación. Dustin Santos, economista, recordó que el país también debe cuidar el costo de la energía para no afectar la actividad productiva.
"No es solamente que, por subirnos al bus o al barco de la energía limpia, vamos a descuidar que el motor que hace que funcione la economía siga funcionando por el tema de que los precios sean muy altos", afirmó Santos en TSi.
Países que lideran a nivel mundial el Índice de Transición Energética
A escala mundial, los países nórdicos siguen a la cabeza. Suecia ocupa el primer lugar, seguida por Finlandia, Dinamarca, Estonia y Noruega. También destacan Suiza, Letonia, Austria, Alemania, Francia, Reino Unido, Israel, Países Bajos, China y Portugal dentro de los primeros 15 puestos.

El informe mundial concluye que la inversión récord en energías limpias no basta si los países no fortalecen sus redes, su estabilidad política y su capacidad para atraer capital, especialmente en economías emergentes, donde crecerá buena parte de la demanda energética futura.
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