Es un hombre de retos que se ha destacado como abogado en el Estado y la empresa privada; pero, también como académico en varias universidades de Honduras.

Es sensible y su mirada desborda alegría cuando habla de su esposa Jennifer Valladares y sus hijas Valerie y Mónica. Son los motores de su vida.

Se trata de Gustavo Solórzano, gerente de Asesoría Legal en el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep), quien, además, tiene en su trayectoria un buen paso como pagador y abogado en el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), donde trabajó desde el 2006 hasta el 2013.

Después incursionó en la docencia, empezando por el Centro Tecnológico
Centroamericano (Ceutec). Hoy lo hace en la máxima casa de estudios del país: UNAH.

En el campo laboral empresarial no solo tiene la experiencia en el Cohep. También alcanzó el éxito en la Cámara de Comercio e Industrias de Cortés (CCIC). "Este trabajo en organizaciones privadas me ha permitido conocer el pensamiento del empresario", comenta a En Primera Plana de tunota, al identificarse como un hombre muy exigente en las distintas facetas de su vida.

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¿Cómo piensa el empresario hondureño?

Le gusta solucionar los problemas, con acciones efectivas, fiables y rápidas. Prima la capacidad de responder, así como de ser diligente y efectivo en lo que uno está haciendo. Si el empresario tiene un problema, quiere escuchar más de una posible solución.

¿Hace falta trabajo en equipo para sacar adelante a Honduras?

El problema es que en Honduras, en muchas ocasiones, se busca el protagonismo en todo. Creo que en el caso del Cohep más bien nos hemos involucrado en luchar contra la corrupción. Sabemos lo importante que es prevenirla y denunciarla.

Pero algunas empresas cometen actos corruptos…

Definitivamente. Por ello es importante crear códigos de integridad y ética dentro de las empresas. Es necesario promover la prevención, que las personas denuncien cuando observan actos de corrupción. También se requiere de una simplificación administrativa; es decir, alejar al usuario del prestador de servicios, porque ello también genera una promoción de la corrupción.

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¿Es complicado laborar en el sector público?

Sí, por ello critico muy poco, porque conozco lo complicado que es la función pública. Eso sí, cuestiono la falta de capacidad, de competencia o de diligencia

Una persona que no conoce de administración pública no debería sentarse en el cargo, por ética (…) es muy complejo. Son muchos riesgos porque nadie tiene más atribuciones de los que le otorga la ley y la Constitución. En estos años me ha tocado defender a varios funcionarios ante el Tribunal Superior de Cuentas.

¿Cómo quiénes?

Ja, ja, ja (…) me reservaré los nombres por cuestión de ética; pero, sí, hay varios que están ahora y que estuvieron antes.

¿Y de su faceta académica qué destaca?

Fíjese que haber iniciado en Ceutec fue un gran reto, es una universidad peculiar. Considero que impartir clases allí es más difícil que en cualquier otro lugar. En algunos casos los estudiantes eran mayores que yo, son personas que tienen una visión de vida más amplia que, por ejemplo, aquellos que recién egresan del colegio.

¿Cómo fue su infancia?

Nací en Tegucigalpa, pero mi familia es de Sabanagrande. Estudié en el Instituto San Francisco y después saqué mi licenciatura en Ciencias Jurídicas en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

Soy hijo de Marcio Solórzano y de Alba Díaz, y tengo tres hermanos: dos varones y una mujer, con quienes me llevo muy bien.

¿Académicamente ha sido comprometido?

Considero que sí. Fíjese que siempre he sido muy exigente; me gradué del pregrado en 2006 y posteriormente, en 2007, saqué mi maestría en Derecho Empresarial en la Universidad Tecnológica Centroamericana (Unitec). Años más tarde me doctoré en la Universidad de San Carlos, en Guatemala.

¿Quiénes motivan su vida?

Mis dos hijas, mis princesas: Valerie y Mónica. La mayor tiene 12 y la menor, 11.
Son ellas, junto a mi esposa Jennifer Valladares, el amor de toda mi vida, quienes me mueven a hacer las cosas bien.

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