Honduras enfrentaría un deterioro de la inseguridad alimentaria aguda en 2026, según el más reciente análisis de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (CIF), publicado en junio.
El informe advierte que, entre abril y julio, al menos 1.8 millones de personas podrían ubicarse en crisis o emergencia, es decir, en Fase 3 o superior, una condición que exige acciones urgentes para proteger vidas, medios de vida y reducir brechas en el consumo de alimentos.
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El dato marca un aumento frente al período de noviembre de 2025 a marzo de 2026, cuando el análisis estimó 1.4 millones de hondureños en esa condición, equivalente al 13 % de la población analizada.
Para abril-julio, la cifra subiría al 18 %, con alrededor de 1.7 millones de personas en Crisis y 95,000 en Emergencia. En términos prácticos, cerca de 400,000 hondureños más entrarían en una situación crítica.
Factores que agravarían la crisis alimentaria en Honduras
El informe atribuye el deterioro a tres factores principales: choques climáticos, altos precios de los alimentos y reservas limitadas en los hogares.
La irregularidad de las lluvias afectó la producción de granos básicos, especialmente durante el ciclo de postrera, mientras los precios del maíz y frijol se mantienen por encima de los promedios históricos. Esta combinación reduce el poder adquisitivo y aumenta la dependencia del mercado.
Las zonas más golpeadas muestran dos lecturas: severidad y magnitud. Por severidad, Gracias a Dios encabezaría la lista con 45 % de su población en crisis o emergencia; le siguen Lempira, con 30 %, Yoro y Choluteca, ambos con 22 %.
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Por magnitud, Cortés y El Progreso concentrarían unos 298,000 afectados, seguido del Distrito Central con 206,000 y Choluteca con 112,000.
Hambre estacional elevaría el riesgo en varios departamentos
La CIF también proyecta que varios departamentos pasarían a Fase 3, entre ellos Choluteca, Valle, El Paraíso, Francisco Morazán y La Paz, debido al período de hambre estacional, el agotamiento de reservas agrícolas, la inflación, los combustibles y el encarecimiento de insumos.
Aunque el informe señala una mejora respecto al año anterior en los niveles más severos, advierte que los hogares más vulnerables dependen del comercio informal, agricultura de subsistencia y empleo temporal.
Además, la evaluación FIES (Escala de Experiencia de Inseguridad Alimentaria) encontró que 18 % de los hogares vive inseguridad alimentaria severa, reflejada en reducción del consumo y episodios recurrentes de falta de alimentos.
El llamado central apunta a sostener la asistencia alimentaria, transferencias monetarias y el apoyo a la producción familiar en las áreas con mayor riesgo.
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