Desde el aire no se ven aduanas, garitas ni muros, lo que aparece debajo del helicóptero es una mezcla de montañas, ríos, caminos de tierra y vegetación que se extiende entre Honduras y Guatemala.
En ese terreno, donde la frontera apenas existe para quien la observa desde el cielo, comenzó una operación conjunta que refleja un problema mayor: los grupos criminales no reconocen límites políticos.
En el sector de Corinto, municipio de Omoa, Cortés, soldados hondureños descendieron mediante una inserción aerotransportada antes de internarse en patrullajes terrestres junto con militares guatemaltecos.
La escena fue el punto de partida de una misión coordinada para reforzar la vigilancia en uno de los corredores fronterizos más sensibles de la región.
De interés: La masacre de Corinto dejó expuesto el poder criminal fronterizo

La frontera Honduras-Guatemala también es una ruta para el crimen
La frontera Honduras-Guatemala no solo conecta a dos países, también representa un desafío permanente para las autoridades por el movimiento constante de personas, mercancías y organizaciones dedicadas a actividades ilícitas.
Las estructuras criminales aprovechan la geografía para desplazarse entre ambos territorios utilizando caminos secundarios, áreas boscosas y pasos no habilitados.
Esa movilidad obliga a que las operaciones de seguridad trasciendan las fronteras nacionales.
Por esa razón, la operación que se desarrolló en Corinto no terminó con el descenso desde el aire.
Los efectivos continuaron con patrullajes en puntos considerados estratégicos para incrementar la vigilancia y reducir los espacios donde pueden operar organizaciones transnacionales.
Vea: Floridalma Roque: a tres años de su muerte, un juez ve homicidio y otro negligencia

Un enemigo que cambia de país en cuestión de minutos
Mientras una frontera marca el final de un territorio para un Estado, para las redes dedicadas al narcotráfico, el contrabando, el tráfico de personas y otros delitos transnacionales esa línea representa apenas un cambio de jurisdicción.
Esa realidad lleva a que Honduras y Guatemala coordinen acciones militares dentro de los acuerdos de la Conferencia de las Fuerzas Armadas Centroamericanas (CFAC).
Se busca compartir información, capacidades y operaciones en zonas donde la delincuencia aprovecha la cercanía entre ambos países.
Durante la misión participaron especialistas del Segundo Batallón de Infantería Aerotransportado Táctico.
Además, la 105 Brigada de Infantería, unidades de la Policía Militar del Orden Público y la Fuerza Naval de Honduras, en coordinación con el Ejército de Guatemala.

Un verdadero desafío
Más allá del despliegue militar, la operación dejó en evidencia una realidad que se repite en distintos puntos de Centroamérica.
Las fronteras políticas pueden dividir países, pero no detienen por sí solas a las organizaciones criminales.
En lugares como Corinto, donde la vegetación y el terreno dificultan el control permanente, la vigilancia depende de patrullajes constantes.
Por eso es vital la cooperación internacional y presencia en sectores donde un paso de diferencia puede significar cambiar de país.
Por eso, mientras en los mapas existe una línea que separa a Honduras y Guatemala, sobre el terreno ambos países persiguen al mismo enemigo.
Lea también: Primero peleó la extradición; después pactó con la justicia que lo procesó
