Estamos probablemente ante una "catástrofe" sanitaria sin precedentes ante el desbordamiento de la capacidad de los hospitales, de los centros de triaje y de las unidades de estabilización.

Habida cuenta la situación de crisis que nos abate, No comprendemos por qué los burócratas de más alta jerarquía en la Administración Central continúan en flagrante actitud de indiferencia e incapacidad ante la embestida de la pandemia covid-19.

Éstos son los términos más benévolos con los que podemos calificar la orientación que se le ha dado a la urgencia de salud que nos deja un balance que supera con creces los 193,000 casos positivos y un número muy próximo a las 5,000 víctimas mortales.

En un momento en el que los diagnósticos positivos y los fallecimientos causados por el nuevo virus se han duplicado, y cuando nos encontramos bajo amenaza de sufrir un tsunami epidemiológico, es reprochable que los señores de la Secretaria de Salud hayan determinado "monopolizar" la información sobre lo que ocurre en los centros de triaje y de estabilización.

La determinación de prohibir a los coordinadores de dichas unidades que se pronuncien sobre las circunstancias calamitosas en que operan las mismas es una evidencia más de ineptitud; es "esconder lo que es evidente" o " justificar lo inexcusable".

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Como se sabe, al menos 36 triajes han tenido que cerrar a nivel nacional por la falta de fondos, una deplorable realidad que ha derivado en una confrontación entre los alcaldes -que reclaman el desembolso de dinero para atender la pandemia- y las autoridades de Salud, Finanzas y Gobernación y Justicia -que afirman que Sí han efectuado el traslado dinero y que los gobiernos locales que no lo han recibido, es porque no han presentado la liquidación correspondiente.

Los señores que manejan la contingencia epidemiológica han dado muestras inequívocas de su incompetencia durante todos los 13 meses que llevamos en pandemia.

Estos funcionarios, que deberían ser rigurosamente probados por sus resultados e incluso removidos de sus responsabilidades por su mala gestión, hacen derroche de "intolerancia" cuando centralizan la información sobre la desgracia que sufren los triajes.

¿Les molesta que los coordinadores de los centros de atención primaria de covid denuncien que falta personal especializado, que les adeudan no menos de tres meses de salario, que no hay medicamentos; tampoco suficiente existencia de pruebas de detección, ni suministro de oxígeno ni servicio de ambulancias?

Son muy susceptibles los personeros gubernamentales a las críticas dirigidas directamente a ellos, y ante las cuales sus respuestas son evasivas y sus acciones son elementales o inválidas.

¿Es mentira, entonces, que los centros de triaje están siendo cerrados porque no hay dinero para sostenerlos, ni equipo ni insumos y que muchos doctores -incluidos intensivistas que, por cierto, son muy pocos en el país- han tenido que renunciar porque tienen varios meses de no recibir su pago?

¿No es cierto que, por su vocación humanitaria, varios profesionales de primera línea se han mantenido en sus puestos de trabajo, a pesar de no tener la transferencia de su remuneración económica a tiempo?

¿No es verdad que los pacientes no encuentran medicinas para su tratamiento? ¿Es una farsa, acaso, que los triajes están colapsados y que si no se procede a una intervención inmediata lo que nos depara es una tragedia sanitaria de insospechada dimensión?

El panorama para nosotros, los hondureños, es mucho más sombrío y con pronóstico reservado, en relación con nuestros países vecinos, donde la emergencia ha sido enfrentada con más acierto.

Esto es así, porque nuestros hospitales y la red de triajes y de salas de estabilización está debilitada en todas sus áreas, la inmunización es un tema en nebulosa y, para mayores males, No contamos con una ofensiva planificada contra la plaga. No nos queda otra salida: hay que enderezar los renglones torcidos en la conducción de la pandemia, si es que todavía hay tiempo.

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