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Cuando el encierro Sí Paga: La Economía de la Pandemia

Pero estos no son tiempos normales y la pandemia pone de nuevo en perspectiva la frialdad de asignar un valor cuantitativo a la vida humana...


En nuestro artículo pasado dejamos sentados los primeros principios para desarrollar con mayor detenimiento el tema del análisis costo-beneficio y sus implicaciones en la administración y aplicación de la Justicia, resaltando como muchos hablan de la seguridad jurídica pero no son capaces de asignarle un valor cuantitativo, como sí se intenta hacer en relación con las pérdidas por corrupción.

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Justo estábamos en este contexto cuando entramos a la primera pandemia después de cien años, lo que ha abierto un interesantísimo debate precisamente con relación al alcance de la aplicación del análisis costo- beneficio, siendo que parte del análisis cuantitativo implica asignarle un valor a la vida humana.

De todos es conocido que la decisión de aplicar los estados de excepción, o cuarentenas en términos de salud pública, ha sido con el objetivo de salvar vidas ante la propagación de un virus nuevo, altamente contagioso y con un grado medible de mortalidad.

Sin embargo, algunos cuestionan que la misma se ha hecho con una visión de "cero riesgo", sin medir los costos impuestos por la precaución “excesiva” del encierro versus los supuestos beneficios. Después de todo, arguyen, tenemos epidemias de dengue y no se clausuran los lugares de criaderos de zancudos porque no hace sentido económicamente; o, como sucedió hace poco, no tenía fundamento económico alguno cerrar el Estadio Nacional por fallas estructurales por pura precaución y sin medir del todo los costos y beneficios de tal medida. Esa mentalidad de excesiva precaución y cero riesgos es la que precisamente se pone ahora en discusión.

Estos argumentos adquieren un matiz interesante por supuesto cuando involucran y requieren determinar el valor de la vida humana. En Estados Unidos, donde el debate se ha tornado en el tema determinante sobre la reapertura inteligente de la economía en medio de la pandemia, el valor de la vida de un ser humano se ha determinado en términos generales en, más o menos, $10 millones por persona, basado en estimaciones estadísticas del riesgo de fallecer en general y la probabilidad que una persona asuma dicho riesgo.

Teniendo dicho valor y con la frialdad de los números se puede determinar si salvar pocas o muchas vidas humanas a dicho valor justifica tomar precauciones que a la economía le cueste un valor de tantos millones.

Y ello se torna aún más importante cuando las precauciones resultan aparentemente excesivas y con la política sobresegura de cero riesgo que tanto gusta a los políticos (volvemos al cierre total del Estadio Nacional de un día para otro…). Por supuesto que es sano desde el punto de vista de política pública correr este análisis de contraste y de costo-beneficio en tiempos normales.

Pero estos no son tiempos normales y la pandemia pone de nuevo en perspectiva la frialdad de asignar un valor cuantitativo a la vida humana y asumir el riesgo de contraer la enfermedad ante algunas incertidumbres que plantea un virus mortal nuevo, arguye Cass Sunstein, uno de los proponentes del análisis costo-beneficio.

En su libro “The Cost-Benefit Revolution” (2018, es decir A.C., antes del coronavirus) precisamente se discute esta importante herramienta del análisis económico de las políticas públicas y se analiza de forma importante el principio de las excesivas precauciones y el gusto por el cero riesgo en muchas de las mismas, sin claros fundamentos económicos.

Cass R. Sunstein, escribió The Cost-Benefit Revolution en 2018. Él es un abogado estadounidense y profesor universitario dedicado principalmente al estudio del derecho constitucional, derecho administrativo, derecho ambiental y de la economía conductual.

Derivado de todo ello y ante el debate de si abrir o no la economía en Estados Unidos, el mismo Sunstein ha tenido que adaptar algunos conceptos y citando sendos estudios económicos de los economistas Michael Greenstone y Vishan Nigam de la Universidad de Chicago y Linda Thunstrom de la Universidad de Wyoming en su artículo “This Time the Numbers Show We Can’t Be Too Careful” (Bloomberg Opinion, marzo 26, 2020), ha concluido que a lo menos en el contexto de la pandemia, las precauciones del encierro y cuarentena no resultan excesivas desde la óptica planteada.

Salvar vidas al valor general de $10 Millones por ser humano, tomando en cuenta el factor de propagación del virus y el tiempo de cuarentena actual, con medidas normales de distanciamiento social aún resultan en beneficios que superan a los costos impuestos a la economía americana que tanto se discuten en la reapertura.

Por supuesto que tal análisis deriva de estudios en Estados Unidos y en Honduras aún estaríamos lejos de sobrepasar la discusión básica que el encierro conviene desde el punto de vista de salud pública. Pero ante tal lógica planteada muy seguramente el encierro podrá determinarse como la política de cero riesgos más justificada, sin entrar al debate de cómo se implementó (con pocos exámenes, etc).

Rodrigo García, hijo del famoso escritor fallecido Gabriel García Márquez, en una carta abierta a su padre en el sexto aniversario de su fallecimiento escribe: "Tú dijiste una vez que lo que nos atormenta de las epidemias es que son un recordatorio del destino personal. A pesar de las precauciones, la atención médica, la edad o la riqueza, cualquiera puede sacar el número perdedor. Destino y muerte: temas muy queridos de muchos escritores.” Mejor no se puede resumir, pero a lo menos nos queda claro que las precauciones sí pagan, aunque por puro destino se termine sacando ese número perdedor…Continuaremos ahondando la revolución del análisis costo-beneficio y sus implicaciones legales en Honduras en la próxima EconoVISTA


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