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El Periodista: Un deber, un compromiso, una vocación, un ser humano

He entendido que en un país como Honduras, con las limitaciones económicas y educativas que tenemos, muchos de ellos comenzaron su carrera no en las aulas universitarias, sino en el ejercicio


En los últimos cinco años de mi vida he estado inmersa en un mundo que antes apenas conocía de lejos y al cual para ser sincera, le dedicaba un reservado interés; el mundo de los periodistas y los medios y ya que está semana se conmemora en Honduras el Día del Periodista, he querido dedicarles estas líneas.

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Es este lustro he conocido un notable grupo de periodistas nacionales e internacionales, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, conservadores y vanguardistas, con visiones muy particulares de la realidad y del mundo, pero que comparten su pasión por la comunicación y por conectarse con la audiencia desde diferentes trincheras.

Al conocerlos de cerca y verlos en su día a día, sin la fantasía en que los envuelve la pantalla de la televisión, sin la modulación de su voz en las ondas radiales o los filtros y retoques en sus fotografías de perfil, he descubierto que son “personas normales” que en sus mentes, además de las noticias  del día, están los intereses y preocupaciones que todos tenemos; la salud de sus seres queridos, las colegiaturas de sus hijos, el préstamo bancario para comprar la casa, la ilusión de su futuro matrimonio, la tensión de esquivarse el temido divorcio, después de tantas horas ausente de casa por estar en el trabajo.

He entendido que en un país como Honduras, con las limitaciones económicas y educativas que tenemos, muchos de ellos comenzaron su carrera no en las aulas universitarias, sino acercándose a una sala de redacción, a una cabina de radio y hasta a una cancha o estadio de futbol, a la cual acudían con frecuencia para ver de cerca al “privilegiado periodista” que ya tenía una trabajo y renombre, y así permanecían, muy atentos a cualquier cosa que se necesitará:  ir a comprar un fresco, correr a preguntar algo a la cancha, contestar el teléfono y anotar el mensaje, hasta que un día, como premio a su perseverancia, aquel periodista les “daba un chance” y les permitía presentar una canción, comentar una jugada, o cubrir un turno de media noche!! y así su sueño se comenzaba a materializar, tiempo después algunos ya podrían acudir a las aulas en la escuela de periodismo.

Conozco la historia de muchos a quienes les toco “pagar piso” y trabajar “ad honorem” por meses o incluso años, para comprobar con su trabajo que merecían un espacio en un noticiero de radio televisión o prensa escrita, mientras se sostenían a sí mismos y sus familias con otros oficios, todo por vivir su vocación y llegar con sus mensajes a la amada audiencia.

Esta profesión solo puede asumirse con compromiso, pues su oficio les abre puertas y les devela verdades que para otros no serían accesibles y con esto, pueden ser nuestros ojos, nuestros oídos y deben darnos voz para ser escuchados.

Es con este  gran compromiso que los periodistas salen de sus casas cada día para buscar la noticia, cueste lo que cueste, largas caminatas bajo el sol, exponerse a la lluvias, hasta los huracanes, acercase lo más posible al tiroteo, al incendio o al derrumbe, tolerar el rechazo despectivo del prepotente, después de esperar por horas una entrevista, poner cara alegre y saludar con alegría y entusiasmo al micrófono, “cuando la procesión va por dentro”, poniendo cada día su propia vida en juego, para que nosotros, su audiencia, conozcamos los hechos, seamos parte de los eventos trascendentales del mundo, tengamos los datos que nos ayuden a entender y decidir o pasemos un rato entretenido y así van moldeando nuestras opiniones y gustos.

Este privilegio de hablar a tantos y por tantos, trae consigo el deber al que se ha de responder para poder dormir en paz, para disfrutar al final de la carrera de la Misión Cumplida

El deber de ser fiel a la verdad, por encima de sus gustos sus ideas o sus intereses.

El deber de sobrio y mantenerse humilde y agradecido, sin sucumbir al orgullo de la fama, que es solo una fantasía, pues ya se dijo y han de recordar que son personas tan normales como aquellos que les tributan admiración.

El deber de estar atento para distinguir con claridad lo blanco de lo negro, lo ético de lo inmoral, sobre todo en este país en que todo parece tener un precio, en que la corrupción, tiñe todo de un sucio gris que disfraza con mentiras la mediocridad y el delito, apostando a aquello de que “una mentira que se repite mucho termina pareciendo verdad”; y ante esto, el deber del periodista es el ejercicio ético y honesto de su profesión.

Hoy quiero valorar y agradecer a estos sacrificados valientes que limpiamente ejercen el periodismo.

¡Gracias periodistas de Honduras! Gracias por que en las hojas de un periódico aprendí a leer, gracias por la música que lleno mi juventud, gracias por la emoción y el orgullo de ver ganar a la selección y gritar que viva la H, gracias por enseñarme como cuidar mi salud, gracias por advertirme donde está el peligro que debo evitar, gracias por el chiste del sábado en la mañana y la nostalgia del bolero, el domingo por la tarde.

Hoy quiero decirles que forman parte de nuestras vidas, recordarles que puntualmente acudimos a la cita para leerlos, escucharlos y verlos, que les prestamos atención y les creemos, que tomamos en cuenta lo que opinan, y hablamos con nuestras familias y amigos, sobre lo que ustedes nos contaron y nos enseñaron, son parte de nuestras memorias entrañables, compartimos con ustedes nuestras mañanas, nuestras tardes y nuestras noches; así que por favor cuiden esta relación, no cambien el valor de su audiencia por la oferta barata de un corrupto, de un favor o un beneficio, que ensuciara su nombre, su historia y su legado.

Sigamos juntos, respetándonos, apreciándonos, y sobre todo construyendo una Honduras mejor para las siguientes generaciones, para los futuros periodistas.

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