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Convertir todo Honduras en una plataforma exportadora

José Azcona

27 Aug. 2026

A veces la política más efectiva no es crear nuevos regímenes especiales, sino simplificar las reglas para que todos puedan competir bajo las mismas condiciones.

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Honduras ha apostado durante décadas por distintos regímenes especiales para promover las exportaciones y la inversión orientada a mercados internacionales. Las maquilas, las zonas libres y los regímenes de importación temporal han sido herramientas importantes para atraer empresas manufactureras y generar empleo.

Sin embargo, el crecimiento del comercio global y la evolución de las cadenas de valor plantean una pregunta cada vez más relevante: ¿por qué la posibilidad de exportar competitivamente debe depender de pertenecer a un régimen especial? Tal vez ha llegado el momento de explorar una alternativa más simple y universal: que todo el país funcione, en la práctica, como una plataforma exportadora.

La lógica económica detrás de esta idea no es nueva. En la mayoría de los sistemas tributarios modernos existe el llamado principio de destino, según el cual los impuestos al consumo —como el impuesto sobre ventas o el IVA— deben aplicarse en el país donde el bien se consume, no en el país donde se produce.

Por esa razón, en gran parte del mundo las exportaciones se consideran operaciones a tasa cero para efectos del IVA o su equivalente. Esto significa que el exportador no cobra impuesto en la venta al exterior, pero sí puede recuperar el impuesto que pagó en sus insumos.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos ha señalado que este mecanismo evita que los productos exportados lleven incorporados impuestos del país de origen, lo que de otro modo afectaría su competitividad en los mercados internacionales.

En la Unión Europea, por ejemplo, las exportaciones fuera del bloque están exentas de IVA con derecho a deducción. En términos prácticos, esto significa que el exportador puede recuperar el IVA pagado en sus compras de insumos, servicios o maquinaria.

Países como Singapur y Nueva Zelanda operan bajo principios similares dentro de sus sistemas de impuesto al valor agregado o GST. El resultado es que el exportador no carga con impuestos al consumo doméstico cuando vende al exterior.

A ese principio se suma otro mecanismo común en el comercio internacional: la devolución de derechos arancelarios sobre insumos importados que luego se incorporan a bienes exportados. Este sistema, conocido como duty drawback, existe en países como Canadá y Australia.

Bajo estos esquemas, si una empresa paga aranceles al importar materias primas o componentes y posteriormente exporta el producto terminado, puede solicitar la devolución de esos aranceles. La lógica es nuevamente la misma: evitar que los impuestos domésticos encarezcan un producto que finalmente será consumido en otro país.

Estos mecanismos no constituyen subsidios a la exportación si se aplican correctamente. De hecho, el Acuerdo sobre Subvenciones y Medidas Compensatorias de la Organización Mundial del Comercio permite explícitamente la devolución o exención de impuestos indirectos y derechos de importación siempre que no excedan lo efectivamente pagado por el exportador.

En Honduras ya existen elementos de esta lógica, pero están dispersos y muchas veces condicionados a regímenes especiales. La Ley del Impuesto sobre Ventas establece que las exportaciones se calculan a tasa cero y permite recuperar el crédito fiscal del impuesto pagado en insumos. Sin embargo, en la práctica gran parte del esquema exportador depende todavía del Régimen de Importación Temporal o de regímenes de maquila que permiten suspender o eliminar impuestos a empresas registradas específicamente bajo esas figuras.

El resultado es un sistema dual. Las empresas dentro de esos regímenes operan bajo condiciones fiscales muy competitivas para exportar, mientras que muchas otras empresas que podrían integrarse a cadenas internacionales enfrentan una estructura más compleja o menos favorable. En lugar de facilitar que cualquier empresa hondureña exporte, el sistema termina incentivando la pertenencia a regímenes especiales.

Una alternativa sería avanzar hacia un modelo más horizontal y simple. La idea sería que cualquier empresa en Honduras pudiera operar bajo principios de neutralidad tributaria para exportaciones, sin necesidad de acogerse a un régimen particular. Bajo este esquema, la empresa pagaría los impuestos normales cuando importe insumos o compre bienes en el mercado interno. Luego produciría y, al momento de exportar, presentaría su documentación aduanera de exportación.

Con base en esa exportación comprobada, el sistema generaría automáticamente un crédito fiscal por el impuesto sobre ventas y permitiría la devolución o compensación de los aranceles pagados sobre insumos incorporados al producto exportado.

Ese crédito podría utilizarse para compensar otros impuestos, como pagos del propio impuesto sobre ventas o incluso pagos a cuenta del impuesto sobre la renta. De esta forma, el exportador no quedaría cargando impuestos indirectos que no deberían aplicarse a bienes destinados al mercado internacional.

Un aspecto clave de este enfoque es que también permitiría corregir una distorsión que existe en muchos sistemas de promoción de exportaciones. Con frecuencia, los regímenes especiales no solo eliminan impuestos indirectos sobre los insumos destinados a exportación, sino que también conceden amplias exoneraciones del impuesto sobre la renta.

Aunque estas políticas han sido útiles para atraer inversión en determinados momentos, también generan desigualdades entre empresas y reducen la base tributaria del país. Un sistema basado en neutralidad tributaria para exportaciones permitiría prescindir gradualmente de ese tipo de incentivos.

Las empresas no pagarían impuestos indirectos sobre bienes destinados al mercado internacional —lo cual es consistente con las reglas del comercio global— pero sí tributarían normalmente sobre la renta generada por el valor agregado producido en Honduras. En otras palabras, el objetivo no es dejar de cobrar impuestos, sino cobrar los impuestos correctos: que el valor agregado nacional contribuya al impuesto sobre la renta, mientras que los bienes exportados no carguen con impuestos al consumo ni aranceles que distorsionen su competitividad en los mercados internacionales.

Un sistema así requeriría principalmente tres cambios institucionales. Primero, consolidar claramente en la legislación que todas las exportaciones de bienes y ciertos servicios se consideran operaciones a tasa cero con derecho pleno a crédito fiscal. Segundo, establecer un mecanismo rápido y automático de devolución o compensación de ese crédito fiscal, basado en la verificación electrónica de las exportaciones registradas en aduanas. Tercero, crear un sistema general de drawback para devolver derechos arancelarios sobre insumos importados que se incorporen a bienes exportados.

La clave para que un sistema de este tipo funcione es la eficiencia administrativa. Si las devoluciones tardan meses o años, la neutralidad tributaria desaparece en la práctica, porque las empresas terminan financiando al Estado. Por eso sería fundamental que el proceso se base en plataformas digitales integradas entre la autoridad tributaria y las aduanas, con auditorías posteriores para casos de riesgo en lugar de controles previos que retrasen las devoluciones.

Este enfoque no eliminaría los regímenes existentes de inmediato, pero podría gradualmente reducir la necesidad de ellos. En lugar de depender de zonas especiales o de condiciones particulares para exportar, todo el territorio nacional podría convertirse en un entorno competitivo para la producción orientada a mercados internacionales.

En un momento en que las cadenas globales de suministro se están reorganizando y muchas empresas buscan diversificar sus ubicaciones productivas, Honduras tiene una oportunidad estratégica. Convertir el país entero en una plataforma exportadora basada en neutralidad tributaria podría ampliar la base de empresas exportadoras, fomentar la industrialización y permitir que más sectores participen en el comercio internacional. A veces la política más efectiva no es crear nuevos regímenes especiales, sino simplificar las reglas para que todos puedan competir bajo las mismas condiciones.


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