2 Nov. 2026
El orden internacional padece de una ceguera crónica expresada crecientemente en el ritualismo burocrático del funcionamiento de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y su incapacidad permanente de ver, reconocer y rectificar sus propios errores.

El orden internacional padece de una ceguera crónica expresada crecientemente en el ritualismo burocrático del funcionamiento de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y su incapacidad permanente de ver, reconocer y rectificar sus propios errores.
El gran fallo estructural de la ONU ha sido y es confundir el medio con el fin: tratando la paz y la seguridad internacional como el objetivo último y no como herramientas o instrumentos al igual que otros igualmente importantes de los cuales son inseparables y que se expresan a continuación.
La paz, la seguridad, el desarrollo, la democracia, la libertad, la justicia y la solidaridad son eslabones de una misma cadena; medios indispensables que no funcionan aislados, sino que interrelacionados. Su única y legítima utilidad es complementarse para garantizar el constante avance hacia la finalidad superior de proteger y promover la dignidad y los derechos humanos; y de salvaguardar la salud del medioambiente y la diversidad biológica de nuestro planeta Tierra: única garantía real para la continuidad de la vida digna de la Humanidad.
En efecto, es de recordar que, en 1945, se concluyó la Carta de la Naciones Unidas y se estableció la ONU en nombre de "Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas" en una coyuntura de fin de la segunda guerra mundial e inicio de la coexistencia pacífica entre las grandes potencias.
Para asegurar la protección y promoción de la Dignidad Humana: se enumeró cuatro "propósitos" indisociables de las Naciones Unidas, a cumplirse complementariamente entre los cuales están los siguientes: 1. Mantener la paz y la seguridad internacionales…”; y…3. “Realizar la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario, y en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo idioma o religión”.
Así se comprueba indiscutible, fidedigna y con pruebas claras que no dejan lugar a dudas que la paz y seguridad internacionales, así como la democracia y la libertad, el desarrollo, la justicia y la solidaridad: son todos igualmente importantes e interrelacionados objetivos intermedios que están orientados expresamente hacia su finalidad u objetivo supremo de protección y promoción de la dignidad de todos los seres humanos o de la Humanidad. (Ver. Preámbulo y artículos 1. 55 y 56 de la Carta de las Naciones Unidas; Ver también nuestra obra “Dignidad y Derechos del Ser Humano en el planeta Tierra” – Política, Derecho y Ciencias Sociales: Bien Común de la Humanidad – pp. 23 a 118, Editora DIALETICA, Sao Paulo, Brasil, 2025)
No obstante, los gobiernos de los Estados y la administración de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) han priorizado ilegítimamente la paz y la seguridad internacionales sobre los otros “propósitos” y se desgastan en debates procedimentales sobre la paz, la seguridad, el desarrollo sostenible, la democracia, la libertad y la justicia: olvidando siempre que estas categorías son únicamente objetivos intermedios e interrelacionados y subordinados al objetivo superior o fin supremo que es: la defensa, promoción y protección de la dignidad humana de "Nosotros, los pueblos de las Naciones Unidas".
La realidad contemporánea a lo largo del presente siglo XXI y, en especial, los hechos y acciones del periodo 2020-2026 dan la razón fundamentada de la imperiosa necesidad de un reordenamiento mundial. Lo que implica liberar el multilateralismo actual de la ONU que se encuentra secuestrado por una paradoja: por un lado, las reformas administrativas en curso, como la iniciativa de austeridad UN80, con la que intentan salvar a la organización mediante fusiones de agencias y drásticos recortes presupuestarios, priorizando la optimización financiera sobre el impacto humano en el terreno.
Por el otro lado, la parálisis anacrónica del Consejo de Seguridad, donde el derecho de veto de las potencias perpetúa la impunidad incluso frente a crisis humanitarias extremas, demostrando que la soberanía estatal, tal como ilegítimamente la aplican la mayoría de los gobiernos, sigue devorando la superior soberanía nacional y mundial de la dignidad humana de los pueblos que conformamos la Humanidad.
No podemos seguir administrando la ineficiencia. Urge una reforma estructural y omnicomprensiva de la ONU que invierta la pirámide del poder mundial. Esto requiere transformar el gendarme internacional de la seguridad colectiva - que es actualmente el “Consejo de Seguridad” - en un verdadero "Consejo de Seguridad Humana", ampliando la representación del Sur Global y eliminando el derecho de veto – por ejemplo - en casos de atrocidades masivas de seres humanos.
Es también requerido la transformación y unificación del aparato social y de desarrollo bajo un "Consejo del Bienestar Común", cuyos indicadores de éxito dejen de ser el crecimiento del Producto interno bruto o el cumplimiento de cuotas burocráticas, y pasen a ser el acceso fehaciente de las personas y comunidades al bienestar común e individual, mediante el desarrollo sostenible la democracia pluralista, la libertad, seguridad, paz y justicia para todos (as), a partir de condiciones básicas de vida digna con seguridad humana, salud, educación, trabajo decente e igualdad de oportunidades y posibilidades.
Reforma transformadora esperada de la ONU que garantizará la protección y promoción de la dignidad humana con creciente bienestar común y progreso social de la humanidad en el planeta Tierra donde habita.
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