23 Apr. 2026
La escritura de Sergio Pitol es un ejemplo de cómo el conocimiento, la creatividad y la imaginación se juntan en la gran literatura.

El pasado mayo estuve en la Feria Internacional del Libro Universitario de la Universidad de Veracruz, México, donde hablaría sobre tecnología y escritura, dos expresiones culturales que no están reñidas.
Mi primera intervención trascurrió con buen suceso. Me agradó la compañía y la conversación que, alimentada por un público enterado, se convirtió en un diálogo intenso y nutritivo.
Antes de la segunda, me permití pasear por el centro de Xalapa, visitar la biblioteca «Carlos Fuentes» y encontrar, en el stand de la editorial Era, libros de autores mejicanos queridos como Homero Arijdis, Salvador Elizondo y Jorge Ibargüengoitia.
Autores a los que pude leer, en gran parte, gracias al hallazgo temprano de El desfile del amor, la estupenda novela de Sergio Pitol que, durante mi adolescencia, me introdujo a la novela mejicana de la segunda mitad del siglo XX y me mostró que, en efecto, la literatura sabe contar el pasado mucho mejor que la Historia.
En la novela de Pitol —a quien debemos decenas de traducciones de autores que escribieron en al menos cinco lenguas—, Miguel del Solar es un historiador mejicano que ha vivido durante muchos años en Bristol, Inglaterra, donde ejerce como profesor.
De regreso en México para investigar algunos hechos ocurrido en el gobierno de Venustiano Carranza, durante la Revolución mejicana, descubre documentos sobre un crimen perpetrado en su casa de la infancia en la ciudad de México: el asesinato de Erich Maria Pastauer, un joven austríaco emparentado con su familia.
Aunque la trama novelesca de Pitol se convierte en una investigación policíaca para esclarecer los hechos, el relato ahonda en los grandes panoramas del México de mediados de siglo: una sociedad marcada por la migración europea, la conflictividad política, la transformación social y la declaratoria de guerra de México hacia el Eje fascista.
Sorprende, eso sí, la enorme capacidad narrativa de Pitol para presentar la complejidad de la trama, la perspicacia de sus personajes y la sutil exposición de los detalles que sostienen la historia.
Lo he recordado ahora a propósito de mi reencuentro con un ejemplar de la novela y de mi segunda charla de esos días en Veracruz en la que conversé con el escritor argentino, Francisco Garamona, sobre el futuro de la creatividad y la imaginación en la literatura en tiempos de la escritura robótica y artificial.
Mi conclusión, partiendo del ejemplo creativo de Pitol en El desfile del amor, fue simple: como ocurrió en otras épocas, la escritura humana prevalecerá.
La escritura de Sergio Pitol es un ejemplo de cómo el conocimiento, la creatividad y la imaginación se juntan en la gran literatura.
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