17 Jun. 2026
Vozinha nos recuerda que esa regla no escrita del fútbol cuenta también para la vida: el juego no se acaba hasta que acaba

El sabio Salomón escribió que “no hay nada nuevo debajo del sol”, y es una metáfora hermosa, pero la verdad es que, sobre eso, prefiero la versión de Wisława Szymborska: Nada ocurre dos veces de la misma forma.
A Josimar Dias, apodado Vozinha, le ha ocurrido una vez y, estoy seguro, será irrepetible. No porque no pueda igualar su hazaña como guardameta de la selección de Cabo Verde contra la selección española en el debut de ambos países en United 2026, sino porque, ese momento, esa emoción y ese llanto tras su hazaña, no volverán de esa forma.
El fenómeno Vozinha —que ahora es conocido en el planeta por desafiar y contener a la poderosa Furia Roja—, nos deja, no obstante, aprendizajes más allá del fútbol: nos da lecciones de vida.
Primero, el veterano portero juega su primer Mundial a los 40 años después de clasificar con Cabo Verde en difíciles Eliminatorias africanas, que también juega su primera copa.
Luego, ha representado a su selección durante años, a pesar de que juega y ha jugado toda su carrera en ligas modestas, en equipos modestos. Y en el mundo actual, las probabilidades de que un futbolista con ese perfil se convierta en una estrella del Mundial, es prácticamente imposible.
Pero no para Vozinha quien, en las postrimerías de su carrera, y en el final de su trayecto futbolístico, ha conseguido la gloria contra todo pronóstico.
Al hacerlo, nos recuerda que esa regla no escrita del fútbol cuenta también para la vida: el juego no se acaba hasta que acaba, y el último instante del partido puede ser el mejor, el definitivo.
Nos recuerda, además, la “ilusión del indulto”, esa figura psicológica definida por de Víktor Frankl que, en síntesis, explica que, en el fondo, todos tenemos la esperanza de que, al final, por alguna razón, todo saldrá bien, del mismo en que los condenados a muerte creían que al final, por alguna razón, les perdonarían la vida.
Por eso, supongo, el fútbol no dejará de emocionarnos, y nunca nos dejará sin esperanza.
Vozinha nos recuerda que esa regla no escrita del fútbol cuenta también para la vida: el juego no se acaba hasta que acaba
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