24 Aug. 2025
El tono de esta campaña debe cesar para dar paso a las opciones de cambio que ofrecen en un país que hace tiempo ya entró en la encrucijada de la democracia.

Mientras los ojos se mantienen puestos en lo que sucede en Venezuela con ese despliegue de poderío lanzado por Estados Unidos frente a las costas caribeñas venezolanas, aquí la otra campaña que avanza en su estrategia de debilitamiento y descrédito al proceso electoral es la campaña de la violencia política y de la polarización, en una carrera sin tregua, que aleja al electorado de conocer las propuestas presidenciables para enfrascarlo en un encierro en donde los ataques e insultos aumentan.
Uno de los actos de violencia política que ha generado censura en las redes sociales es una publicación del alcalde de San Pedro Sula, Roberto Contreras, y presidente del Partido Liberal, en donde se mofa del partido en el poder, Libertad y Refundación, al asegurar que terminará al final del proceso electoral en una especie de cadáver político. Y para ello hizo uso de un video en donde exhibe un ataúd con el nombre del partido y su presidenciable, Rixi Moncada.
La respuesta de Contreras es solo una reacción a otro hecho similar realizado por miembros de Libre en San Pedro Sula, exhibiendo en sus calles un ataúd que representaba a Contreras y su fin como político en búsqueda de la reelección de la comuna sampedrana. Toda acción tiene una reacción, dicen los estrategas en campañas políticas, y si bien ambos hechos son censurables, son actos de violencia política, en el fondo, logran su propósito, meter al elector en el debate del dime y diretes para no entrar a lo serio de la política: qué ofrecen los presidenciables en sus propuestas, cómo van a enrutar a Honduras en una senda de progreso, inclusión y desarrollo.
Es más rentable para los aspirantes y sus estrategas alimentar la discordia, el estigma, la descalificación y el odio, que enfrentar los desafíos que presenta este país donde la gente quiere respuestas frente al empleo, el trabajo que no abunda, el dinero que no rinde, la inseguridad que no disminuye, la corrupción que se afianza, el narco que no cede, la comida que no la encuentra, la salud cada vez más lejana, y la incertidumbre afianzada por los miedos que los sacuden desde las últimas cuatro décadas.
La violencia política se presenta también en las expresiones de los aspirantes políticos, creyendo que con ello suben puntos frente al elector. Pero el resultado parece ser otro. El Observatorio de la Democracia de la RDD presentó datos que obligan a la reflexión a los políticos, en particular a los presidenciables del tripartidismo. El sentimiento negativo que generan sus expresiones de violencia política oscila entre el 38% y 42%. La gente rechaza ese tipo de violencia. Igual ocurre con al menos 7 funcionarios públicos y diputados que usan las redes sociales para el insulto y el descrédito. Concitan más animadversión que aplausos.
El tono de esta campaña debe cesar para dar paso a las opciones de cambio que ofrecen en un país que hace tiempo ya entró en la encrucijada de la democracia, pero rechaza toda forma de autoritarismo.
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