3 Aug. 2022
Se trata de entender que en la medida en que mi manera de pensar cambie, en esa medida cambiará igualmente mi entorno

La pobreza en Honduras sigue siendo el principal reto de los gobernantes y la más grande deuda social en el país, el desequilibro que año tras año se ve agudizado por factores como la falta de acceso a la educación de calidad, la baja cobertura de salud y los altos niveles de desempleo, suman cada día una pesada carga que la población difícilmente ha podido sobrellevar.
A menudo cuando hablamos de pobreza, automáticamente nos remitimos a la condición socioeconómica de un importante sector de la población, 73% para ser específicos, que no puede acceder a los recursos suficientes para atender sus necesidades básicas de alimentación, vivienda, salud, educación y agua potable entre otros, que le permitan un adecuado nivel de vida.
Si bien este es un fenómeno estructural e histórico, hay otro tipo de pobreza que es igual o más peligrosa para el individuo, para las familias y para la sociedad, me refiero a la pobreza mental, que de acuerdo a expertos, representa nuestra forma de pensar y que es clave para alcanzar en la vida, el éxito o el fracaso, la plenitud o la frustración, lograr las metas que se propone o quedarse en el camino en medio de la queja y la dificultad.
Nuestra manera de pensar está determinada por las ideas y en este renglón, la ciencia ha comprobado que todo aquello que domine la mente, de manera casi automática dominará los pensamientos, y lo que domine nuestros pensamientos dominará toda nuestra vida.
Uno de los líderes espirituales por quien tengo el más alto respeto y estima, me compartió en cierta ocasión, de al menos ocho formas básicas de pensamiento conocidas como “paradigmas mentales” que debemos aprender a desechar de nuestras vidas si anhelamos tener una mente renovada y productiva que nos mueva a salir de un estado de conformismo y autocompasión, hacia uno en donde la mentalidad sea nuestro principal aliado en la lucha por la superación personal, profesional, familiar y de país.
Debemos reconocer que muchas veces vivimos rodeados de paradigmas que no nos permiten ver más allá de la realidad inmediata y presente y que vivimos permanentemente asediados por pensamientos destructivos que inciden de manera notable en nuestro comportamiento individual, familiar y social.
No se trata de cambiar con la mente una realidad visible como quien tiene una varita mágica, se trata de entender que en la medida en que mi manera de pensar cambie, en esa medida cambiará igualmente mi entorno y mi forma de enfrentarme a las circunstancias diarias, con eso ya se habrá dado un paso importante.
La calidad de vida ya no depende solo del tamaño o calidad de la vivienda, sino, cada vez más, de su ubicación.
La decisión de invertir en equipamiento no debe basarse únicamente en la conveniencia aparente o en la expectativa de ahorro, sino en una evaluación integral que combine necesidad, rentabilidad y riesgo
El Día Internacional del Arte no es motivo de fiesta para los creadores hondureños: es una jornada de reflexión y, por qué no, de tristeza.
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