17 Jun. 2026
Vozinha nos recuerda que esa regla no escrita del fútbol cuenta también para la vida: el juego no se acaba hasta que acaba

El sabio Salomón escribió que “no hay nada nuevo debajo del sol”, y es una metáfora hermosa, pero la verdad es que, sobre eso, prefiero la versión de Wisława Szymborska: Nada sucede dos veces de la misma forma.
A Josimar Dias, apodado Vozinha, le ha ocurrido una vez y, estoy seguro, será irrepetible. No porque no pueda igualar la hazaña que realizó contra España como guardameta de la selección de Cabo Verde (lo hizo contra Uruguay y Argentina), sino porque el momento, el emoción y el llanto de ese día no volverán de esa forma.
El fenómeno Vozinha —que ahora es conocido en el planeta por desafiar y contener a la poderosa Furia Roja—, nos deja, no obstante, aprendizajes más allá del fútbol: nos da lecciones de vida.
Primero, el veterano portero juega su primer Mundial a los 40 años después de clasificar con Cabo Verde — que también es debutante en Copas del Mundo— en difíciles Eliminatorias africanas.
Luego, ha representado a su selección durante años, a pesar de que juega y ha jugado toda su carrera en ligas modestas, en equipos modestos. Y, para ser honestos, en el mundo actual, las probabilidades de que un futbolista con ese perfil se convierta en una estrella del Mundial, son prácticamente nulas.
Pero no para Vozinha quien, en su afán de perseguir su sueño, y en el final de su trayecto futbolístico, ha conquistado la gloria contra todo pronóstico. Él ya ha ganado su juego, ya ha gritado su Mundial.
Al hacerlo, nos recuerda que esa regla no escrita del fútbol cuenta también para la vida: el juego no se acaba hasta que se acaba, y el último instante del partido puede ser el mejor, el definitivo.
Nos recuerda, además, la “ilusión del indulto”, esa figura psicológica definida por Víktor Frankl que explica que todos tenemos la esperanza de que, al final, por alguna razón, todo saldrá bien, del mismo en que los condenados a muerte creían que al final, por alguna razón, les perdonarían la vida.
Por fortuna, Vozinha no debe ser perdonado, pero mantuvo la esperanza de que un día —que ya ha llegado—, las cosas más bellas de la vida le pasaría a él. Y así ha ocurrido.

La resiliencia nace en la adversidad: incluso en medio de la tormenta, siempre puedes encontrar la fuerza interior para dar el siguiente paso.
Vozinha nos recuerda que esa regla no escrita del fútbol cuenta también para la vida: el juego no se acaba hasta que acaba
La IA y el debate que tenemos que seguir teniendo para cuidar los procesos de creación en el cine.
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