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Fórmula para combatir el calentamiento global: incentivos para la energía renovable, impuestos altos para la energía sucia

¿Cómo entender que hace una semana el Congreso Nacional de Honduras aprobó la exoneración de impuestos para la importación de petróleo para el subsector eléctrico?


El espíritu fundamental del Acuerdo de Paris, del cual Honduras es suscriptor, son las reducciones globales de emisiones de gases provenientes de la quema de combustibles fósiles como el petróleo, gas natural y carbón, promoviendo un desarrollo sin emisiones contaminantes, que sea resiliente al clima y sostenible.

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Esto se puede lograr obligando a los generadores de energía sucia a cambiarse a la generación de energía limpia, ¿cómo lograrlo? Con la implementación de impuestos altos, es decir los que utilizan combustibles fósiles sean castigados pagando impuestos elevados, mientras los incentivos fiscales se les otorguen por completo a los generadores de energía renovable, que son justamente aquellos que utilizan el viento, el sol, el calor de la tierra y el agua, entre otros, para la generación de energía limpia, que no emite gases de efecto invernadero responsables del calentamiento global que vive nuestro planeta y su consecuencia directa el cambio climático que altera la vida en la Tierra.

Si los países suscriptores del acuerdo de Paris cumplen a cabalidad esta fórmula, se reflejaría rápidamente una disminución de emisiones hacia la atmósfera y quizás así podríamos evitar cruzar el umbral del no retorno y frenar el calentamiento global para que no exceda el 1.5 grados, aunque con lo poco que estamos haciendo, vamos directo a 4 grados que seria catastrófico.

El sector energético históricamente ha sido uno de los mayores contaminantes, con el inicio de la era industrial en 1750 comienza el proceso de transformación económica, social y tecnológica; transformaciones que se incrementan tras el hallazgo del contaminante petróleo, en 1859, en los Estados Unidos cuando el coronel Edwin Drake perforó el primer pozo petrolero del mundo logrando extraer la sustancia desde 21 metros de profundidad.

Ese fue un momento histórico de celebraciones, pero que hoy nos damos cuenta que ha marcado la destrucción de nuestra casa común y no por culpa de la sustancia misma, sino por la forma irresponsable en la que los seres humanos comenzamos a quemar combustibles fósiles produciendo, según estudios científicos comprobados, alrededor de las tres cuartas partes del aumento del dióxido de carbono (CO2) pero no solo eso; también en los últimos 20 años hemos aumentado las emisiones de gases cambiando el uso del suelo (ejemplo: gestión y modificación del medio ambiente natural para convertirlo en terreno agrícola, campos cultivables, pastizales y asentamientos humanos, entre otros).

La forma irresponsable en la que los seres humanos comenzamos a quemar combustibles fósiles produce, según estudios científicos comprobados, alrededor de las tres cuartas partes del aumento del dióxido de carbono.

Una estimación global realizada hace una década, aseguraba que por el uso de este tipo de combustibles fósiles para la generación de energía, incluyendo la producción de cemento y el gas residual, se reportó un incremento de las emisiones en un 54 por ciento respecto a 1990. Estamos hablando de 34 mil 800 millones de nuevas toneladas de gases que se acumularon en nuestra atmosfera.

Pero esa cifra ya se queda corta tras conocer los reportes mensuales y anuales de las agencias mundiales encargadas de medir las emisiones de gases de efecto invernadero, en mayo del 2013 superamos históricamente las 400 partes por millón (ppm) de CO2 y en mayo del presente año 2020 pese a los confinamientos por la pandemia, rompimos todos los récords históricos alcanzando las 417 partes por millón (ppm) emisiones que no se reportaban en nuestro planeta según estudios paleoambientales en los últimos 3 millones de años, esto sin contar otros poderosos gases de efecto invernadero (GEI) que absorben y emiten radiación como el metano (CH4), óxido nitroso (N2O) y el vapor de agua (H2O)

Expuesto lo anterior y con la extrema necesidad de reducir estas emisiones globales para evitar una catástrofe apocalíptica, que nos lleve hacia la extinción misma de la humanidad, ¿cómo entender que hace una semana el Congreso Nacional de Honduras aprobó la exoneración de impuestos para la importación de petróleo para el subsector eléctrico? El tema se justificó aseverando que al exonerar este impuesto se va creando una vía de participación de un mercado libre que tendrá una repercusión positiva en el consumidor porque la energía costara menos, esta excusita está bien para engañar incautos, pero en los tiempos de emergencia climática que estamos viviendo y con un mundo obligado a moverse hacia las energías renovables y una economía circular en donde ya no hayan desperdicios y todo sea aprovechado como materia prima, nada justifica este acto abominable desde el punto de vista del cambio climático (estudiado ahora como una ciencia).

No tiene pies ni cabeza que en Honduras los diputados aprueben, sin oposición alguna, una medida que sigue brindando incentivos a las energías contaminantes, no es cierto que de esta decisión resultará un beneficio para la población, al contrario, se vislumbra un grave perjuicio para todos por las consecuencias climáticas que de ella se deriven. ¿Será que los llamados padres de la patria ignoran la problemática climática que enfrenta la humanidad o son inmunes a ella? ¡Señores(as) el cambio climático no conoce de colores políticos, raza, religión, posición social, nos afectará a todos!

Cuidar nuestro planeta, nuestra casa común, es responsabilidad de todos, apelo a su responsabilidad social individual, empresarial y estatal, si nos vamos a ensuciar las manos que sea por la tierra.

Sino toman decisiones acertadas en favor y bienestar de la población en general, les invito a pensar en sus hijos, sus nietos, su familia, el cambio climático no es un cuento y nos sumirá en la extrema pobreza, hasta los más encopetados consorcios económicos pueden caer por nuevos virus, enfermedades, plagas, sequías, inundaciones, huracanes más violentos, pérdida de agua dulce, deshielo acelerado de polos y glaciares; cambio en las corrientes atmosféricas y oceánicas, pérdida masiva de cultivos, desaparece la flora y fauna, desertificación de suelos etc.

Los escenarios que nos aguardan son dolorosos, los tomadores de decisiones tienen en sus manos ahora la posibilidad histórica de legislar verde y tomar acciones definitivas en este tema, de no hacerlo muy pronto todos lo pagaremos caro y posiblemente llegue el arrepentimiento y cargo de conciencia, pero esto a nadie le sirve.

Cuidar nuestro planeta, nuestra casa común, es responsabilidad de todos, apelo a su responsabilidad social individual, empresarial y estatal, si nos vamos a ensuciar las manos que sea por la tierra.

No olviden, siempre los quiero como lectores y no como noticia, hasta la próxima.


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